Petro, líder del siglo XXI

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Por: Alberto López de Mesa

El domingo 8 de abril, en la plaza central de Bosa, Gustavo Petro se presentó oficialmente como el candidato a la presidencia por el Movimiento Colombia Humana. Lo esperaban algo más de 5.000 personas que con antelación estuvieron preparando el sentido recibimiento: cuadrillas de jóvenes pintaron murales, un grupo de señoras estampó banderines y pasacalles, artistas y activistas culturales montaron comparsas y murgas para animar el recibimiento, estudiantes y combos del hip hop tenían ensayados cánticos y vítores rítmicos, todas estas expresiones se dieron espontáneas, cada cual se financió y se ingenió su participación en el jubileo. Ese día desde temprano la gente hizo fila para alcanzar una buena ubicación. A las 11 de la mañana el candidato y su comitiva llegaron por detrás de la tarima y sin embargo al cuerpo de seguridad y a la policía le dio lidia controlar la romería, muchos querían saludarlo, verlo de cerca, fotografiarlo, hubo una señora que burló al cerco de seguridad y logró que su ídolo acariciara la cabeza de su niño en brazos. Cuando el candidato llegó hasta el micrófono y levantó su brazo en señal de saludo, la multitud demostró una alegría frenética como si estuvieran ante una estrella del rock.

Ya antes había hecho noticia las nutridas manifestaciones en Popayán, en Tunja, en Barranquilla. Aunque los telenoticieros omiten las implicaciones de estas masivas concurrencias, es un hecho que la campaña en plazas públicas de Gustavo Petro es un fenómeno político inédito y a la vez revelador del significado que ha ganado el personaje en el sentir popular.

Yo, que he estado cerca del candidato en reuniones de planeación y en gajes de la campaña, confieso que lo he observado con curiosidad, con capciosidad, procurando descubrir en su imagen y en su personalidad el origen de su carisma y, la verdad, su magia trasciende mi entender, porque lo que veo es un ser humano normal.

Debe medir un metro con setenta, en su rostro mestizo tiene algo de árabe y de cholo sinuano, por su atuendo corriente de blue jean y sacos de hilo (ahora afianza su imagen con guayaberas caribeñas), por sus gafas permanentes y su peinado impreciso que ya apura en la calvicie, uno podía leerlo como un intelectual de buhardilla y bohemia parca. Lo he visto presidiendo una reunión con los ojos clavados en la pantalla de su portátil, pero todos sabemos, por experiencia, que escucha con atención todas las intervenciones.

Luce un anillo ancho de oro como evidencia de que está felizmente casado con Verónica Alcocer, en sus muñecas hay manillas de diferente origen cultural y a veces luce en el pecho un collarcito artesanal con un crucifijo rústico. Se sabe que Gustavo Francisco Petro Urrego nació en Ciénaga de Oro Sucre el 19 de abril de 1960 y que en la misma fecha, diez años después se originaría el M19, movimiento guerrillero al que pertenecería y en el que forjaría su prístina ideología, tal vez esta coincidencia contenga una cávala que por albures cósmicos terminó definiendo su destino.

Sin duda, la pertinencia de un líder como Petro no depende sólo de él, también los sociedades y las generaciones estamos ávidos de cambio, también los pueblos víctimas de una mentalidad de mercado codiciosa y deshumanizada, en la añoranza de políticas más humanas nos procuramos nuevos liderazgos.

Alguno de los presentes dice que su propuesta de transitar de combustibles fósiles a energías limpias, muchos la califican de utópica…Entonces se levanta, enseña su teléfono celular y afirma: “Cuando esta tecnología irrumpió también los monopolios de las comunicación análoga la consideró utópica. Todo cambio requiere de un saber y de la voluntad política, con más veras cuando la transición que proponemos es a favor de la vida…”

Otro intriga: también dicen que la gratuidad en la educación superior es populismo, qué dónde está el presupuesto para eso.

Él responde con serenidad: “Los mismos que dicen eso, con su programa de Agroingreso Seguro repartieron del erario miles de millones de pesos entre sus compinches latifundistas y gamonales de la costa y de Antioquia…”

Recuerdo la elegancia de su retórica como Senador, su chamánico estilo en los debates, la erudición de sus discursos y entonces, reflexiono y entiendo que la magia, el poder de su carisma, está ahí, en esa capacidad de acrisolar en palabras su conciencia y su saber. Gustavo Petro vuelve elocuencia su sensibilidad, su criterio, su responsabilidad y ciertamente encanta, porque se esfuerza en hacer didáctica su política.

Las biografías de Gustavo Petro dan cuenta de que ha sido una criatura política: El niño estudioso, el líder estudiantil, el revolucionario, el personero, el constituyente, el congresista, el alcalde, una ruta cualitativa hasta construirse como el estadista capaz de ofrecer a nuestro país un desarrollo coherente con las realidades sociales, ambientales, económicas y culturales del siglo XXI.

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