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Hubo un tiempo en que tener un nombre italiano en el mundo del jazz no era muy promisorio. Estamos hablando de la primera mitad del siglo XX, cuando fuertes motivos sociales obligaron al guitarrista Salvatore Massaro a cambiar su nombre por Eddie Lang y al cantante Antonio Benedetto a convertirse en Tony Bennett. El historiador del jazz Drew Kent ha analizado el fenómeno diciendo que “los nombres difíciles o poco comerciales se cambiaban, sobre todo, para sonar más americanos”.
Por fortuna las cosas han cambiado, y un artista actual como Enrico Pieranunzi no tiene por qué cuestionar su nombre. Sin necesidad de seudónimos, las cuatro sílabas de su apellido empezaron a adornar excelentes discos desde los años 80. Los críticos no tardaron en resaltar aquel estilo de piano que abarca el jazz pero también toma de las fuentes de la música clásica. Y en ese punto ha sido inevitable la comparación con Bill Evans.
Pero aquella imagen de un “Bill Evans romano” es apenas la cuota inicial de una descripción de su estilo. Su extensa discografía lo muestra también homenajeando a los grandes compositores de bandas sonoras del cine italiano, improvisando alrededor de las sonatas de Scarlatti y explorando su procedencia geográfica. Que, al igual que el apellido, no tiene por qué ser vergonzante como antes.
En los últimos años, Pieranunzi ha desarrollado tal orgullo por sus raíces que ya se volvió limitante enmarcar su música dentro del jazz. Su reciente trabajo Racconti mediterranei es un paseo exquisito por melodías mediterráneas de todos los tiempos. Una reseña fechada en el año 2002 ya habla de “un aire de romanticismo en medio del cual se cubre un vasto terreno musical”, y con esas palabras ya nos acercamos a su sonido actual.
A través del lenguaje del jazz, Pieranunzi comenzó a cuestionarse sobre la identidad de su continente y, más específicamente, sobre el contexto mediterráneo. Por eso en sus recientes proyectos pueden oírse cada vez más melodías de claro origen europeo. En el año 2011, la revista española Cuadernos del Jazz incluyó varias reflexiones suyas a este respecto. “Mi manera de componer. es completamente ‘no americana’, muy inspirada en la música clásica y algunas otras cosas, como la música popular italiana en sus diferentes vertientes tradicionales”, dijo.
Y otra definición frente a la cual sobran las explicaciones: “La música es interminable, es un océano infinito en el que me gusta nadar: ésta es mi actitud ahora”. Nótese cómo Pieranunzi usa la metáfora del mar para explicar su creación. Lo suyo es cada vez más original, y esa originalidad se basa en su relación con el Mediterráneo. En buena medida, eso será lo que le escucharemos en Cartagena.
Juan Carlos Garay*