¡¿Qué queremos antes del polvo?!

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Ellos afirman que “somos feministas cuando nos conviene”, viven desconcertados con muchas de nosotras que, siendo feministas, disfrutamos de detalles.

Por: Mar Candela*

Reclamamos igualdad en derechos, opciones y libertad y buscamos equidad en oportunidades y justicia en todos los aspectos de nuestra vida. No obstante, a muchas de nosotras -las feministas que trabajamos por una sociedad que antes que ver a hombres y mujeres vea el género humanidad- nos encanta, por ejemplo,:que si un hombre se anima a invitarnos a cenar pague la cena.

Les cuesta entender lo  obvio. Que, como ellos, queremos poder decidir con quién y cómo gastar nuestro dinero. Y como ellos lo hicieron desde siempre, si invitamos nosotras, nosotras  pagaremos; o si queremos una cuenta compartida, lo avisaremos antes de concretar el encuentro, no durante el encuentro. ¡¿Quién les dijo que si una mujer era feminista estaba obligada a pagar la cuenta con cada hombre que saliera o ir a mitad sin previo aviso?! Es un acto de indelicadeza no preguntar a la persona que invitamos a salir si puede asumir una salida de cuenta compartida. Más con la economía actual del país.

A muchos les incomoda que, aunque defendemos la diversidad masculina, a varias feministas nos gustan los hombres que se vean varoniles, como lo indica el prototipo de  “flecha verde”  o alguno de esos guapísimos superhéroes que disfrutamos ver en el cine. Y les sorprende mucho más cuando queremos que  laven  los platos  con naturalidad sin pensar que nos están haciendo un favor. Y al mismo tiempo queremos que, mientras barren o hacen la cama, nos deleiten con ese olor seductor de varón  estereotipado. Ellos, en su mayoría, mueren por mujeres estereotipadas y muchas  feministas amamos  parecernos en  lo más posible a las muñequitas de sus fantasías sexuales solo para tener el placer de sentirnos deseadas y disfrutar la lujuria del deseo sexual y las fantasías  más intensas y secretas.  No por eso somos irrespetables o inferiores en valor humano.

¿Qué les sorprende? ¿Por qué no podemos querer  todas esas cosas de ellos que ellos quieren de nosotras? Esas cosas que en nosotras han sido impuestas como un “deber ser”,  ellos creen que nos hacen un favor al serlo. Cuando saben que somos feministas se vuelven un ocho.  Algunos hasta intentan posar de feministas y se ven ridículos porque el machismo  lo transpiran. Creen que somos alguna especie de extraterrestre. No saben qué hacer  para seducirnos sin incomodarnos. Porque están temerosos de que su machismo enquistado los traicione y  se les tire el polvo con alguna de nosotras. Sufren cuando avanzamos y seducimos y luego  esperamos que den la iniciativa. Se preguntan ¿Quién las entiende? Y no saben que simplemente nos agrada que  sean creativos a la hora de seducir, como a  toda mujer.  Ser feministas no nos quita el deseo de ser deseadas por quienes nos gustan.

Reconozco que  los hombres tuvieron que responder a las mujeres de vanguardia  con nuevos comportamientos, desde hace unas décadas a hoy. Que las relaciones sexoafectivas y los modelos de familia se han visto transformados positivamente. Que todas esas cosas que  antes eran consideradas  “normales” y no se denunciaban, comenzaron  a ser cuestionadas al considerarse  posturas dañinas, humillantes, violentas, derivadas de una política héterosexista y reguladora de los roles sociales. Y eso es gracias al feminismo. Y también gracias al feminismo es que la palabra “machismo” es la definición del comportamiento dominante del hombre sobre la feminidad. Cosa que antes estaba naturalizada en la construcción misma del género masculino. Hoy ya podemos hablar de diversidad femenina y diversidad masculina, no obstante  eso de ninguna manera implica descartar todo sobre la feminidad y masculinidad tradicionales.

Muchas estamos cómodas con algunas características de esos modelos heredados y solo queremos que se adhieran a las otras posibilidades. No borrarlas. Y sépanlo: muchas feministas queremos en nuestra  vida hombres sensibles, aguerridos, viriles y audaces. Seductores y amables. No como caballeros burgueses comprando nuestra voluntad  con regalos y atenciones sino como hombres libres de prejuicios, detallistas por seducción y no por manipulación.

Ya sabemos todas que nos quieren  y desean dulces, tiernas y cálidas, con las nalgas dilatadas, el coño florido y húmedo, de pezones erectos con la  piel erizada y absolutamente complacientes y muy sonrientes. ¿Por qué sufren si los queremos ardientes, sexys, amables, inteligentes, afectuosos, solidarios, empáticos, responsables y cálidos  sin machismo? ¿Por qué es tan difícil entender que simplemente no los queremos machos  y que eso no implica  que dejen de ser creativos en al arte de seducir y amar?  Sepan que para que una feminista logre ese estado en que fantasean a la mujer en lo íntimo, ellas deben toparse a un hombre libre que no le tema al feminismo porque entiende que el feminismo también lo libera de la opresión del sistema en su vida.

A mí no se me ha quitado ni se me quitará lo consentida por feminista.  Y no soporto un hombre que no sepa ser detallista por simple seducción. No porque yo sea una tierra para conquistar o una frágil damisela.

* Mar Candela – Ideóloga feminismo Artesanal.

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