Radicalismos y transiciones

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Por Henry Garay Sarasti

El deterioro continuo de la base natural que soporta las actividades antrópicas ha propiciado un consenso sobre la necesidad de buscar alternativas que garanticen la sostenibilidad de dichas actividades.

Más de 30 años después de la Comisión Bruntland (1987), aún ese escenario resulta lejano, entre otras razones, debido a la dificultad de consenso sobre cómo hacerlo en las naciones y entre estas. Sin duda se han logrado avances significativos entre el desempeño ambiental de la sociedad en los años 80 y el actual. Sin embargo, resulta insuficiente. De momento se han logrado cambios importantes en las conductas y percepciones de los ciudadanos sobre el concepto de bienestar, asociándolo desde la Constitución de 1991 a un ambiente sano.

Las velocidades de deterioro, debido a la creciente población que accede cada vez más a modelos de calidad de vida que prevalecieron en países desarrollados hace 30 años, es mayor que la velocidad de implementación de acciones correctivas. El resultado es un deterioro neto que ya preocupa y está en las agendas nacional e internacional como asunto crítico.

La polarización actual frente a esta situación presenta un mayor radicalismo entre quienes demandan un alto súbito a la actividad productiva y, en menor medida, casi una minoría, entre quienes propenden por mantener los desempeños ambientales de los procesos productivos inalterables. La gran mayoría concuerda con la necesidad de realizar una transición entre los viejos modelos productivos y los modelos productivos sostenibles. Esta transición no es solo de procesos productivos como tales, sino que incluye el desarrollo de nuevos productos y servicios que desde su concepción tienen la sostenibilidad como principio de diseño, producción y consumo.

De igual forma, la transición involucra un cambio en la institucionalidad que gobierna los diferentes aspectos de la sociedad, favoreciendo los escenarios en los que estos nuevos productos y servicios, apreciados por la población por ser sinónimo de bienestar, reciben tratamientos diferenciados de carácter fiscal o administrativo.

El concepto de transición obliga a pensar en temporalidad. Si logramos identificar los puntos de avance en esa transición en las actividades de la agenda nacional, obtendremos mayores logros que los derivados de la radicalización.

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