Se le acaban las excusas al Gobierno

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Desde la vuelta del uribismo a la Casa De Nariño, por obvias razones vuelven ciertas formas de gobernar; una de ellas es la estrecha cercanía entre el Gobierno y el Ejército. Esto se da porque su proyecto de gobierno está fundamentado en la cartera de la defensa, y así combatir nuevamente las guerrillas, grupos al margen de la ley, y la guerra contra las drogas. El tema es que con esta cercanía, vuelven también algunas viejas mañas, como las chuzadas ilegales y las extralimitaciones de ciertos militares que ponen en serios aprietos al Gobierno para explicar su actuar.

Mucho ha cambiado desde que Uribe era presidente; la información hoy en día es más expedita, casi podemos ver en tiempo real los casos de corrupción en los medios de comunicación. Ese ha sido el caso de las irregularidades en los sobrecostos en ayudas a la población en esta crisis humanitaria, tema que celebro muchísimo, y espero que los entes de control puedan efectivamente condenar a estos políticos corruptos. Pero volviendo al caso, cómo va a hacer el Gobierno para explicar las chuzadas a críticos del gobierno, y más recientemente, las lanchas artilladas que aparecieron en Venezuela.

Por un lado, están las chuzadas a más de 130 personas. Escándalo que si no hubiera sido por exhaustiva investigación que condujo la revista Semana, estaríamos inadvertidos de la situación. Esto compromete seriamente al Gobierno, ya que de esos 130 chuzados, 129 era periodistas, políticos, abogados y en general personas que se encuentran ideológicamente en oposición al Gobierno; y tan solo uno ha sido parte del gobierno Duque, el exsecretario Jorge Mario Eastman. Persona con la cual el Gobierno busca también declararse como víctima de las chuzadas. Esto ya le costó la salida del Ejército a más de 11 oficiales y un general de sus filas. Por otro lado, cuando se le cuestionó al ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, por la situación, dijo que el Gobierno está indignado y desconoce de dónde venía la orden de espionaje a estas personas (en su mayoría periodistas), e incluso en una ocasión expresó que podría tratarse de “fuerzas oscuras dentro de la política”.

Estas malas costumbres ya las conocemos; la última vez que ocurrieron las chuzadas ilegales fue en el gobierno de Uribe, y acabaron nada más que con el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Siempre ruedan cabezas, porque claramente alguien tiene que pagar por esto, pero ¿será que todavía podemos seguir diciendo que el Gobierno no tiene absolutamente nada que ver con estos acontecimientos? ¿Es posible que se diga que esto es solo una práctica aislada, elaborada por ciertos miembros de las fuerzas, por mera curiosidad o por fuerzas oscuras desconocidas para el Gobierno, y nada tenga que ver con la investigación de personas opuestas al uribismo?

El otro caso que motiva gracia, en vez de indignación, es el de las tres lanchas artilladas que aparecieron a cientos de kilómetros de su origen en Colombia, en Venezuela. Y digo gracia, porque lo que debería constituir un lío internacional, el régimen de Venezuela lo ha usado para ridiculizar al gobierno colombiano ante el mundo. Estas lanchas, se cree, fueron utilizadas para hacer un intento de golpe de Estado al régimen de Maduro por parte de un pequeño grupo “élite” liderado por un exmilitar americano (boina verde), y quienes fueron neutralizados fácilmente por el régimen, adicionalmente con material probatorio de la operación que nada tenía que hacer ahí.

Afortunadamente el lío no ha pasado a mayores instancias, aunque las explicaciones por parte del Gobierno y el Ejército son verdaderamente simpáticas, se alargan extensamente en explicaciones, pero al final la respuesta corta es que las tres lanchas quedaron mal amarradas y deambularon río adentro cientos de kilómetros hasta llegar a Venezuela, donde fueron retenidas por las autoridades del vecino país. De la misma forma, el régimen ha expresado a Colombia su maliciosa intención de dialogar sobre el tema, a sabiendas de que el gobierno colombiano se niega a hacerlo, ya que no reconoce como el legítimo presidente de Venezuela a Nicolás Maduro, quien está disfrutando como nadie la situación.

Sea cual fuere la explicación de estos comportamientos inadecuados, estas situaciones están generando un gran malestar público. Ya sea por la falta de control sobre el Ejército o por órdenes del Ejecutivo a este. Y es que, sinceramente, ¿a quién le caben en la cabeza estas absurdas explicaciones? Estamos en el país donde tienen bajo llave el papel higiénico en los baños de los juzgados; oír al comandante De La Armada alargarse en justificaciones de cómo tuvo que dar de baja a varios militares porque se les soltaron unas lanchas fuertemente artilladas es ridículo. Por eso insisto que al Gobierno se le están acabando las excusas; lo que pasó con el DAS no puede ocurrir de nuevo, y menos con el Ejército. Ya estamos viendo cómo se empieza a dar de baja a cuanto militar se les ocurre para expiar las culpas del Estado, pero esto tiene que parar desde la fuente de la orden, para dar con los verdaderos responsables.

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