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Sobrevivir a la indiferencia

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Son muchas las discusiones y análisis que los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia, activos y de la reserva hemos realizado en estos dos últimos años sobre las incidencias, consecuencias y participación en el proceso de paz iniciado por el gobierno desde febrero de 2012.

Los militares y policías debemos meditar cuál debe ser nuestra actitud ante este proceso, del cual no nos podemos sustraer. Es conveniente para nuestro equilibrio emocional superar resentimientos y prevenciones, con el fin de concentrarnos en aquellos aspectos en los cuales podemos influir para salir fortalecidos ante una realidad irreversible.

Estamos abrumados por la incertidumbre, la desconfianza y el escepticismo; por el doble lenguaje que se maneja en los diálogos; por la actitud desafiante y mendaz de los terroristas; por las concesiones que se les puedan otorgar; por el desamparo jurídico en que nos encontramos.

Debemos mantenernos al margen de la contienda política, pero sin renunciar a la crítica objetiva de lo que consideramos nocivo para estabilidad democrática de la nación y a nuestra justa y legítima defensa, en la que pocos están interesados.

En el pasado no pensamos en las consecuencias de una salida negociada del conflicto, ahora tenemos que afrontar esta realidad con apremio y adaptarnos a la negociación con los grupos de irregulares que combatimos durante 60 años. Las ocupaciones del día a día, las responsabilidades de la guerra y los afanes por la victoria, no nos permitieron ver que el asunto tendría final político y puede traer consecuencias para nuestro futuro.

Es lógico entender que exista prevención y resentimiento. Son muchas cicatrices producto de esta larga y sangrienta guerra en la cual nos vimos involucrados en cumplimiento de una misión constitucional. No se puede olvidar lo que algunos quieren desconocer: siempre estuvimos sujetos al poder civil, sin faltar a nuestro juramento.

Aun en medio de la injusticia con que se nos trata en algunos sectores del mismo Estado, o la incomprensión y la ingratitud de algunos colombianos, debemos construir una memoria histórica que nos permita develar a los verdaderos culpables de la violencia.

Nuestra atención no se debe concentrar en oponernos al proceso sino en mantener la legitimidad e integridad de nuestra institución y conseguir un trato justo y equitativo para nuestros hombres privados de la libertad. Al menos igual al que se propone para los alzados en armas en términos jurídicos, así se hayan cometido excesos en el cumplimiento del deber.

En los últimos dos años se han desatado agravios que menoscaban la integridad y prestigio de la institución. Parece existir una consigna para llevar la mayor cantidad de militares a la cárcel, que hoy superan a los detenidos por actos terroristas y otros delitos de los insurgentes.

Debemos asumir una actitud positiva frente a la decisión que adopte el pueblo colombiano. También será necesario reconocer nuestros errores producto de una guerra desigual y sin legislación adecuada que se prolongó demasiado en el tiempo; a perdonar si la situación lo requiere y también a buscar un tratamiento justo que asegure a los militares y policías de retaliaciones y venganzas.

Es allí donde debemos concentrar nuestro esfuerzo, no para salvar el honor, como alguna vez se hizo, sino para sobrevivir a la indiferencia, a la injusticia y a la condena a las que nos quieren llevar.

* General (r) Víctor Julio Álvarez, Miembro del Cuerpo de Generales y Almirantes

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