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Radio Sutatenza fue tan grande como el vacío que aún deja su desaparición.
“La potencia del pueblo colombiano” —tal era su eslogan— apagó transmisores la noche del 17 de febrero de 1989, luego de más de 1,5 millones de horas de emisión y 41 años de servicio al pueblo, especialmente el campesino. Sus frecuencias radiales y equipos, los más poderosos que existieron en Latinoamérica (750 kW en onda media y transmisores de 50, 25 y 10 kW en onda corta), fueron adquiridos por Caracol en una transacción que el país prácticamente ignoró y desde entonces resienten las clases populares. Sutatenza, gestada en dicho pueblo boyacense, en 1947, por mons. José Joaquín Salcedo Guarín (conocido como el “Quijote de la Radio”), nació cuando los transistores no existían y las baterías tenían el doble de tamaño que los receptores portátiles. La creación de la emisora fue el origen de un proyecto educativo sin parangón en Colombia y el mundo: las Escuelas Radiofónicas de Sutatenza y la fundación Acción Cultural Popular, Acpo, obra pionera de comunicación educativa. Tal fue la dimensión de este esfuerzo y sus repercusiones dentro y fuera del país que a finales de 2013 la colección documental de Radio Sutatenza y Acpo —en custodia de la Biblioteca Luis Ángel Arango— entró a formar parte del Registro Regional de Memoria del Mundo de la Unesco. Bien distinto sería el campo colombiano sin la inmensa labor de educación fundamental integral adelantada por Acpo y Radio Sutatenza durante casi medio siglo. Y como estas obras fueron de la gente y para la gente, va un reconocimiento a los cientos de hombres y mujeres que hicieron posible a Radio Sutatenza y a los miles de compatriotas beneficiados por esta osada idea, cuya presencia hoy, 25 años después, hace más falta que nunca.
Mauricio A. Salas*