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Titulares y suplentes (I)

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Las salas de redacción viven y habitan titulares (está comprobado que nos hemos convertido en lectores de titulares) pero, por diseño e impacto visual, algunos periódicos tenían como directriz comenzar los textos con una letra capitular, es decir, una letra que sobresalía por su tamaño y tipología, se sabía más relevante que las demás.

Eso mismo pasa entre los seres humanos y en el fútbol. Entre los seres humanos, saberse titular de una cartera es igual a ser titular en un onceno de fútbol, es una condición humana-inhumana, tensión, imbricación, elasticidad, tensión. Suplir es un verbo que alude a complementar. El juez de línea se siente un suplente de quien está en el centro, porque estar en el centro significa ser el titular. Occidente busca el centro afanosamente para justificar sus maneras de ser y estar en el mundo. Saberse titular implica portar un poder que sólo se reconoce cuando se pierde la titularidad. El titular camina distinto, trota como si fuera un avestruz o una gacela y cabecea como obra de arte. Hay que estar dentro de los afectos del DT para sentir esa sensación de necesariedad en el terreno de juego. El suplente aspira a estar en la titular, se esfuerza por tener esa virtud de comenzar los partidos, pero hay un sino que no lo deja tranquilo. “Chupar banca” no es un eufemismo, es la cruda realidad literal de quien tiene un sino fatal. Los arqueros padecen esta sensación, que causa lágrimas y caídas estruendosas.

Ya hay robots que juegan fútbol y siempre son titulares porque están fijados en la cancha: hacen goles, pases, no se equivocan. No hay suplentes ni titulares, es decir, no sufren, no padecen la angustia que produce ser cambiado. Bueno, hay jugadores que entran y juegan 10 minutos, los vuelven a cambiar, doble derrota, doble humillación, doble tristeza. Ser suplente es habitar la derrota, saberse caído, desinflado. Los balones nuevos siempre reemplazarán los viejos, como en la vida, en el trabajo, en la cultura. Dice la tradición que todo lo viejo debe desaparecer.

Los neologismos se han encargado de reemplazar a los arcaísmos. Ellos, los neologismos, se saben más actuales, más jóvenes, más vigentes. Los arcaísmos se convirtieron en los eternos suplentes del mundo de las palabras. Por eso es tan humano el fútbol, porque los técnicos se equivocan o no con la elección, porque el suplente quiere mostrar que puede ser titular, porque el titular sólo entrega este carácter de tal cuando se lesiona, y otros juegan lesionados. Perder la titularidad es perder, de a poco, la existencia misma. Envejecer en el fútbol implica jugar menos, cuidarse más, es decir, volverse robot para que no haya riesgos. Hay suplentes eternos que hoy son entrenadores, de fútbol y de la vida, enseñan soledades, angustias y derrotas. Hay suplentes que son campeones pero no jugaron ni un partido. Drama humano, gol humano. 

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