Uber y la cuarta revolución industrial

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El asunto de Uber ha sido un dolor de cabeza para el Gobierno colombiano. Pareciera, como dice la expresión popular, que tiene una papa caliente entre las manos sin saber qué hacer con ella. Y lo ha sido en otras latitudes, pero con respuestas distintas.

Más allá de la discusión sobre la calidad del servicio del taxi tradicional, el fenómeno de Uber se enmarca en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Uber es una expresión más de la revolución digital y, en particular, de lo que se conoce como el “internet de las cosas”, que permite una relación directa entre el servicio y las personas, como lo son también Netflix, Arbnb, Spotify, Amazon y Alibaba, entre otros. Estos compiten con las formas tradicionales de sus respectivos mercados: la televisión, la hotelería, la discografía, el comercio al detal. }

Estas plataformas promueven la “economía por demanda” o “economía compartida” (Schwab, 2016), basada en una confianza mutua entre proveedor y usuario. Arun Sundararajan (2016) señala que esta forma de compartir (un vehículo, una vivienda, la música, etc.) no es más que aquello que hacíamos en el marco del intercambio basado en la “economía del regalo” y que ahora está mediada por la moneda.

Las revoluciones industriales generan siempre trastornos en el aparato productivo. Y así como fue necesario regular la relación capital-trabajo gracias a las conquistas laborales del siglo XX, heredero del descontento de los luditas o “rompedores de máquinas” de la primera revolución industrial, es necesario normar la relación entre los dueños de estas plataformas y los llamados trabajadores independientes vinculados a ellas. Un tribunal londinense obligó a Uber a reconocer un salario mínimo y prestaciones sociales a sus empleados no considerados como contratistas.

Persiste un problema de conflicto distributivo, el riesgo de concentración de beneficios y riqueza por parte de los dueños de estas plataformas (Schwabs; Yeung, 2016). Políticas antimonopolio, regímenes tributarios, etc., deberán ir de la mano. Como lo señala Sundararajan: “Nuestro escenario regulador será reformado”. Pero la prohibición de un servicio como Uber sería un paso atrás frente a la llamada cuarta revolución industrial. La tecnología puede favorecer cierto tipo de intereses creados o bien un proceso de inclusión social.

Jorge Bula*Profesor Asociado de la Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia.

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