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La provincia de Salta, en Argentina, es una de las regiones más ricas en sonoridades del país.
Baste citarla como lugar de procedencia de músicos como Los Chalchaleros, César Isella, Los Fronterizos, Eduardo Falú y Jaime Dávalos para comprender el caldo musical que allí se cuece.
El caso del salteño Timoteo “Dino” Saluzzi (n. 1935) es particular. A diferencia de los folcloristas que decidieron mantenerse anclados en la raíz, Saluzzi ha partido de esas influencias y de esos ritmos tradicionales para recorrer los lenguajes universales. Nacido en una familia de músicos, su padre, Cayetano, le enseñó los rudimentos del bandoneón.
El jazz se fijó en su virtuosismo por primera vez gracias a Leandro “Gato” Barbieri, saxofonista rosarino que convocó a Saluzzi para grabar dos discos en 1973.
El momento definitivo de la aparición de una marca musical personalísima partió tras la invitación que le hizo el pianista suizo George Gruntz a un festival en Noruega a principios de la década del 80. Allí mismo, el creador del sello alemán Ediciones de Música Contemporánea, ECM, Manfred Eicher, lo invitó a grabar Kultrum (1983), su primer disco para una casa en la que ha permanecido por más de 30 años y que lo ha mantenido en constante peregrinación entre Alemania y Argentina. Buena parte de esas grabaciones cuentan con el apoyo de los músicos de la familia Saluzzi: sus hermanos Celso en bandoneón y Félix en saxofón; su sobrino Matías en bajo y su hijo, José María, en guitarra. Es allí y con ellos como ha desarrollado un lenguaje sonoro basado en elementos de la música contemporánea, el jazz y los encuentros de lo artesanal con la vanguardia.
Es reiterativa la comparación que se hace entre el lenguaje de Dino Saluzzi y el del bandoneonista marplatense Astor Piazzolla (1921-1992), padre del llamado nuevo tango. Si bien ambos creadores buscaron llevar el lenguaje de la música ciudadana y del bandoneón hasta sus últimas consecuencias creativas, Saluzzi, a diferencia de Piazzolla, ha abordado la vanguardia desde la entraña y no desde la crisis.
El privilegio de ver a Dino Saluzzi en el Festival Internacional de Música de Cartagena trae consigo la posibilidad de corroborar las palabras del investigador musical Peter Rüedi respecto del músico: “En su interpretación se funden la nostalgia del suburbio, la añoranza de la lejanía, la nostalgia que siente el emigrado a Europa por sus propias raíces”.