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Por: Gheiner Reina Duarte
Perfectamente los medios de comunicación pueden ser arquitectos de muchos casos que suceden a nivel delictivo en la ciudad. Pueden trabajar de manera conjunta con las autoridades para dar con las pistas pertinentes que conlleven al paradero de asesinos, violadores y criminales. Pero hay excepciones que dañan, como la del diario Qhubo, que se lucró con la noticia del asesinato de Sergio Reina, un hecho que se habría llevado a cabo en inmediaciones de las estaciones de Transmilenio de Banderas y Transversal 86. El diario amarillista aseguró que las cámaras de seguridad de un supermercado del sector de María Paz, Kennedy, captaron el supuesto momento en que se le hurtó la bicicleta al joven de 23 años y “entre forcejeos uno de los ladrones le enterró el cuchillo”, según este diario. No obstante, anotan las versiones de los vecinos que presenciaron el hecho. Todo esto parece sacado de la testa de quien lo escribió.
Y hay que preguntarse ¿ya casi se resuelve el caso entonces? La respuesta es no. Las autoridades no dan indicios de lo sucedido, aun cuando el ciudadano que llevó convaleciente a Sergio al hospital se presentó el día miércoles a la policía para dar testimonio. Todo esto, a pesar de lo reciente del caso, va dejando un sinsabor en su familia y en la comunidad, pues no es el primer caso y por lo visto no será el último si no se toman medidas estrictas ante los hurtos.
Las cifras no parecen mejorar para la ciudad. Según el informe que dio Caracol, cada día hurtan 4 bicicletas en la capital, sin contar con los robos que no se denuncian. ¿Cuántos Sergios necesitamos para que cese la delincuencia y las muertes por robos? Si queremos un país productivo, educado, formado en valores como el respeto, la tolerancia, la hospitalidad y matan a quienes se encargan de ello.
Sergio no era más que un joven trabajador, estudiante del Sena, con muchas ilusiones frente a la vida, que llevaba consigo el 6 de marzo hacia las 6:30 y 8:00 de la noche el cansancio de cualquier colombiano de a pie por un día de labores cotidianas, que tenía gastos en su hogar, que era ejemplo de disciplina y lucha para sus hermanos y el apoyo incondicional para sus padres. La alegría hacía parte de su diario vivir junto con el servicio a los demás y el gusto por los autos y el deporte.
Queda un vacío en sus familiares y amigos. Queda el vacío de muchas familias que buscan justicia, que buscan una mejor calidad de vida. Queda la incertidumbre de no saber qué hacer, para dónde coger y en quién confiar. Da la sensación de vivir en una sociedad enferma y solitaria, que intenta resguardar lo poco que consigue con la vida.
En memoria de Sergio Reina Moreno y todas las víctimas de la delincuencia en la ciudad.