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Una enfermedad que sigue sin control

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De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cada año más de 50 millones de personas en el mundo se infectan de dengue (500.000 son hospitalizados y 25.000 mueren), una enfermedad que en Colombia representa, sin duda, un creciente problema de salud pública: anualmente hay en promedio más de 30.000 casos, de los cuales el 7% corresponde a formas complicadas.

El mosquito Aedes aegypti, que transmite el virus que causa el dengue, ha infestado aproximadamente el 95% del territorio nacional ubicado por debajo de los 1.800 metros sobre el nivel del mar. Es decir, los colombianos que están en riesgo son alrededor de 24 millones.

Por lo general esta enfermedad es de corta duración. Pasa por tres fases a lo largo de una semana: febril, crítica y de recuperación o muerte. Por eso la identificación oportuna de los signos de alarma es fundamental para intervenir y manejar las complicaciones graves.

Comúnmente se habla de tres determinantes de la transmisión del dengue: el virus, la presencia del mosquito y la susceptibilidad de los individuos. Ante la falta de un medicamento antiviral efectivo para contenerlo y de una vacuna contra los cuatro serotipos identificados, las acciones de prevención y control orientadas a evitar la picadura de los mosquitos y a eliminar sus sitos de reproducción (cualquier depósito de agua) se han convertido en la mejor alternativa.

Esas acciones de control han mostrado alguna efectividad. Sin embargo, son costosas, difíciles de implementar y poco sostenibles. Y ello se debe a un entendimiento incompleto de la transmisión de la enfermedad y, por ende, un diseño y una implementación insuficientes de medidas de control.

Dado que la transmisión ocurre en un contexto socioecobiológico complejo, su prevención y control se beneficiarían del llamado enfoque ecosistémico en salud, que integra conocimientos sobre el medio ambiente, las comunidades y la salud humana, para entender el porqué de determinada situación y así proponer estrategias eficaces y sostenibles para su control.

La observación del problema requiere ir más allá de las disciplinas tradicionales. Hay que integrar y relacionar el conocimiento científico con el de los pobladores y las autoridades locales con el propósito de analizar todos los determinantes y desarrollar un abordaje exitoso.

Juliana Quintero **  Investigadora del Centro de Estudios e Investigación en Salud de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

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