Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El tradicional adagio académico de Tucídides es más popular hoy que nunca: “Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles lo que les toca”. El caso sirio es una ventana más de las paradojas y contradicciones que puede llegar a tener el sistema internacional.
Por un lado, las posturas a favor de la intervención militar en Siria aluden a que el uso de armas químicas son violaciones e infracciones a elementos transversales del derecho internacional como se estableció en el protocolo de Ginebra de 1925. Un asunto de amenaza a la paz y quebrantamiento de la misma al que hace alusión el capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas. También que en la casi inminente intervención sólo se tendrán objetivos militares a la hora de actuar y que en ningún momento las acciones van encaminadas a derrocar al régimen. Una intervención será para darle una lección a Bashar al Asad y no cambiar el curso de la guerra.
La contradicción más evidente es que las acciones serán llevadas a cabo con o sin autorización de las Naciones Unidas. El escenario más probable es que el Consejo de Seguridad, por cuenta del veto de China y Rusia, no elabore una resolución de intervención. Por eso el teatro más previsible es el montaje y andamiaje de un sistema de coalición con fecha de vencimiento. Estarán los miembros de la Liga Árabe, los países europeos (que no todos apoyarán) y Estados Unidos.
Entonces, ¿cómo será la inminente actuación en Siria? Según la Resolución de Poderes de Guerra, Barack Obama debe comunicarle oficialmente al Congreso el inicio de las operaciones militares con 48 horas de anticipación. Es decir, la estrategia de la acción militar está programada con cronómetro si quiere ser lo suficientemente precisa y certera. No obstante este mecanismo se ha pasado por alto un par de veces.
Las Fuerzas Militares de Estados Unidos actuarán bajo el precepto de intervención limitada. Así lo ha expresado el presidente Obama. Esto significa que los objetivos del ataque estarán restringidos en espacio e intervalos de tiempo. Será, en principio, un ataque rápido y con baja exposición de fuerzas. Un método usado para neutralizar objetivos de alto valor estratégico y que será implementado con los cinco destructores ya desplegados en el este del Mediterráneo, que tienen la capacidad de lanzar 90 misiles Tomahawk guiados por satélite a distancias superiores a los 1.600 kilómetros. La intención es estar por fuera del radio de acción de la defensiva y ofensiva de Damasco.
Es por esa razón que la intención de la ofensiva occidental será atacar desde el mar o el aire sin entrar al espacio aéreo sirio. Sin embargo, el objetivo principal de destruir los laboratorios y bodegas de almacenamiento de las armas químicas es complejo si se intenta desde el aire, pues las explosiones liberarían gases. Por tal razón esta fase debería realizarse al final, pues implica el desembarco de tropas y la exposición de hombres. El gran temor es que la incursión sea tan limitada que no tenga el menor impacto en la dinámica hostil de Siria.
Los cálculos están hechos y el despliegue realizado. Sólo falta la orden de actuar.
* Asesor en asuntos de seguridad y defensa. Profesor de relaciones internacionales.