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Verdades incómodas

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Por: Germán Eduardo Vargas*

Colombia se debate entre el mandato de la Cumbre sobre Cambio Climático (COP21) para transitar hacia una economía baja en carbono, y la crisis de planeación e institucionalidad energética develada por el fenómeno de El Niño: muchas verdades incómodas por reconocer y resolver.

Al Gore, filántropo que desarrolló el documental Una Verdad Incómoda, reiteró durante la COP21 la urgencia de transformar la producción, movilidad y consumo de energía, sustituyendo energías fósiles.

Inelástica, Colombia gravita a la deriva de esos anticuados, tóxicos y volátiles combustibles; un enfoque que determinó déficits en nuestro erario y matriz energética. Encadenando hechos recientes, se le fueron las luces al plan C (Confiabilidad) porque el desarrollo hidroeléctrico es significativo, pero, vulnerable al calentamiento global, demanda apoyo de termoeléctricas apremiadas por gas/gasoil venezolano, dada nuestra escasez de éxito exploratorio.

Empeñados en ese regresivo plan A (All-in), raspamos viejos milagros con métodos modernos que rehabilitaron su recobro, y nos sumamos a la “revolución” shale. Defraudan tales medidas desesperadas —”el antídoto a la baja en precios es aumentar la producción”; “no podemos darnos el lujo de no hacer fracking”— cuya lógica ignora o maquilla errores en política económica, energética y ambiental.

Estrategias que prescinden de prospectiva y reflejan la involución de Ecopetrol, cuya valoración dependía de la burbuja global y demuestra síntomas de presuntos cisnes negros. Sin visión disruptiva la fijación predomina, mientras su presidente (Echeverry, el mismo de la mermelada) declara confuso: “el mar está muy picado”; “el camino es culebrero”; “en las vacas gordas acumulamos grasa, ahora hay que ponernos musculosos”; “ahorro, patria o muerte”; “¿petróleo bajo 30 dólares? Dios no lo quiera, y voy a misa todos los domingos” (El Tiempo, 21/11/2015).

Preventivo, el plan B del Gobierno fue más de lo mismo (Bis); de hecho otorgó salvamentos a las petroleras (Acuerdo 03/2015), facilitando el fraccionamiento y recuperación de garantías; también rebajas a empresas sancionadas por incumplimientos. Adicionalmente, convengamos que no ha sido “austeramente inteligente” exportar tanto hidrocarburo —tan escaso como agotado—, perpetuando nuestra autosuficiencia en rangos de escasez desde el corto plazo. Entonces, ¿cómo impactará este escenario la soberanía, seguridad energética e inflación?

Lamento que las respuestas oficiales apelen al azar para justificar fallas, demostrando que el plan C (Choque) es desplazar cargas al ciudadano, asegurando la ineficiencia del Gobierno y el mercado.

Como sea, nuestra sostenibilidad está en juego y precisa cambios en hábitos y políticas nacionales. Capitalicemos el costo de oportunidad, incorporando alternativas renovables, de naturaleza solar, geotérmica, eólica, marina y agroindustrial. Aunque insuficientes, los incentivos de la Ley 1715/2014 representan un primer paso hacia la promoción de innovaciones y gestión eficiente de la energía. A propósito, el FAEP y los gravámenes al uso de combustibles fósiles deberían aprovecharse para sustituirlos.

Para finalizar, la suspensión operativa de El Quimbo refleja nuestro limbo energético; por cierto, conviene explorar la responsabilidad de la Empresa de Energía de Bogotá en este debate.

* Catedrático y Ejecutivo del Sector Energético

vargas-german@javeriana.edu.co

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