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Tuve que tomarme un tiempo para descansar, de mis reflexiones cotidianas sobre la realidad de las mujeres, y en especial de las colombianas.
Por:Mar Candela *
Tomé unos días para alejarme y tratar de que mi cabeza descansara de este infierno. Lo logre medianamente, ya que en ese receso fue cuando recordé uno de los textos más profundos de Alejandra Pizarnik: “Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.
2016 fue un año extremadamente difícil.
No podía creer que era diciembre y aún estábamos leyendo incontables casos de feminicidios y de todo tipo de violencias espeluznantes hacia las mujeres y niñas.
Siendo franca, no disfruté, como se supone, ni mi navidad ni mi tiempo de receso, porque entré en una crisis existencial que me quebrantó de un modo que pensé nunca volvería a experimentar. Como hace tiempo no me pasaba.
Sigue sonando el caso de la tierna e inocente niña Yuliana. La prensa nos mantendrá al tanto de cada episodio de esa película que no es de ficción sino de aterradora realidad. Una película cuyo argumento gira alrededor de la violación, la pedófila y el infanticidio feminicida. Una película de desenlace incierto, o peor aún, predecible. Porque, no nos digamos mentiras,: pocas personas creen que existirá real justicia.
Cuando llegan casos que nos escandalizan olvidamos que todas las semanas una niña o una mujer pasa por ese mismo infierno. No me voy a detener a hablar de cada caso porque no terminaríamos… y eso que no todos los casos son visibles. Existen decenas de casos que nunca son denunciados oficialmente y jamás tendrán justicia.
Una vez leí el trino de una modelo famosa diciendo algo así como: “Dejen de hablar tanto de la violencia sexual y abuso a las mujeres ¿no ven cómo han aumentado los casos?”. Recuerdo que le repliqué: “No han aumentado. Lo que pasa es que ahora sí se está hablando abiertamente del tema. Cada vez somos más personas denunciando y resistiendo”.
Ya no sé si ese es el “pajazo mental” que me hago diariamente para mantener la esperanza. Porque necesito creer que sí estamos avanzando, que sí vale la pena resistir. Porque no quiero resignarme a un país, ni a un planeta, que odia a las mujeres. Y porque si dejo de creer, podría perder el deseo de vivir y no quiero. No voy a entregarme tan fácil al patriarcado. Resiliencia es la palabra que define mi resistencia individual y es la palabra que anhelo que todas adoptemos para nuestra resistencia personal.
Ahora bien, aun en este momento tan difícil hay buenas noticias. Cada vez son más las mujeres dispuestas a denunciar, y en el caso de las niñas y niños los verdugos cada vez la tienen más difícil para esconder lo que hacen. Y lo mejor,: cada vez la sociedad tiene mayor compromiso para enfrentar estos aberrantes casos, lo cual es valioso así no exista una fórmula mágica para transformar la realidad que nos consume vivas.
La realidad es que sin importar la versión de mujer que seamos, hemos nacido en un planeta donde ninguna mujer está segura por el simple hecho de ser mujer. Y que así como nos ha tomado décadas lograr algunos Derechos Humanos, nos tomará otras más lograr TODOS LOS DERECHOS.
A todas las versiones de mujer les digo que, sin importar las diferencias irreconciliables, tendremos que aprender a crear puentes entre nosotras si queremos algún día vivir en un planeta donde ser mujer no sea sinónimo de factor de riesgo.
En aquellos casos en que tengamos diferencias aparentemente irreconciliables entre nosotras es necesario recordar que, siendo diferentes, en cada una hay una guerrera sobreviviente al sistema que debemos reconocer. Y que si debemos combatir por algunas ideas, lo haremos con argumentos justos, sin pretensión de competencia desmedida e infantil.
Son tiempos difíciles para las mujeres libres. Estamos siendo sancionadas de todas las maneras posibles por decidir sobre los diversos aspectos de nuestras vidas. Y esto está pasando en todos los estratos sociales: ninguna se salva de esto.
Por tal razón, tenemos que encontrar la manera estratégica de unirnos en la resistencia contra la misoginia, por encima de todas las diferencias irreconciliables que puedan existir entre nosotras. Incluso si en algunos temas resulta necesario que nos confrontemos, que rivalicemos o, incluso, que nos separemos.
Mujer: No importa si eres rica, pobre, atea, devota, asexual o prostituta. No importa quien seas. No te salvarás sola de este asunto. ¡Tienes que buscar a las mujeres de tu entorno y crear redes de apoyo! ¡Redes de resistencia femenina!
La misión, si deciden aceptarla, es resistir: Por nosotras, por nuestras hijas y por las hijas de nuestras hijas. Y este año nos uniremos, en medio de todas las diferencias, y pararemos el país contra el machismo. Lo haremos porque no solo nos queremos vivas sino que nos queremos vivas, seguras y libres. ¡Putamente libres!
En 2017 seguiremos porque retroceder no es opción.
En 2017 iremos de esperanza contra esperanza. Y si no hay más esperanza, seguiremos, porque resignarnos NUNCA será opción.
Nuestra letanía será “resistir es la opción”. Hemos sobrevivido al sistema para VIVIR LIBRES, no para resígnanos a lo que hay.
Solo con libertad tendremos un feliz y próspero 2017.
* Ideóloga Feminismo Artesanal.