Yo, venezolana

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Por: Alberto López de Mesa*

«Nací en Barinas. Soy la hija mayor de una familia llanera de Venezuela.  A mi padre, un campesino enterado en cosas de la política, le oía decir que desde antes del dictador Pérez Jiménez, todos los gobernantes favorecían los intereses de unas pocas familias oligárquicas. Hecho que ratificaba porque la inequidad era notoria.

Así que en mi juventud participé en protestas contra los presidentes Caldera, Lusinchi, Carlos Andrés Pérez. Viajé, tras un amor, a Mérida. Allí nació mi hijo. Con dificultades logré graduarme de nutricionista. Para entonces me tocó el chavismo y se me facilitó la vida, porque siendo madre soltera, tenía resuelto las necesidades básicas para mí y para mi chamo. Fue fácil y gratis el acceso a la educación, a los servicios de salud y con un grupo de vecinos entramos en un programa y salí favorecida para adquirir una casa en un barrio decente. No entiendo por qué a estos beneficios les llaman populismo.

 Desde temprano, mi hijo ingresó al Sistema Nacional de Orquestas infantiles y juveniles y hoy es violinista de la Orquesta Simón Bolívar, que dirige el gran maestro Gustavo Dudamel.

Pero murió Hugo Chávez, bajó drásticamente el precio del petróleo, llegó a Miraflores el presidente Maduro y se acabó mi estabilidad. Fui de las damnificadas de la reducción de personal del hospital; me tocó trabajar por horas con una ONG y, como se devaluó la moneda y las cosas básicas escaseaban, me tocó pasar trabajo. Hoy creo que somos víctimas de esa afrenta internacional que llaman geopolítica, cuando las potencias, por oponerse a un sistema que no les conviene, arruinan al país, a pesar del pueblo.

Con el dolor de mi alma, vendí mi casa y me vine para Colombia apoyada por una tía bogotana, que en los buenos tiempos del bolívar hizo platica en mi país y ahora me acoge como administradora de su restaurante.

Aquí todos repiten lo que dicen los diarios y los noticieros que se ensañan hablando pestes de Maduro. Yo no creo que tengamos un buen presidente, pero a ustedes les muestran una realidad en blanco y negro. Recuerdo que cuando Chávez prestaba ayuda económica a países como Argentina, a Cuba, a Ecuador, mi mamá decía: “Eso lo van a olvidar y no lo van a agradecer”. Hoy yo pienso que mi pueblo, no el régimen, merece un apoyo real de los países hermanos”.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

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