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2010: un año de quiebre

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TODA UNA GAMA DE PRIORIDADES se debaten para 2010 y en ellas caben muchos temas: la paz, la democracia, la justicia, la descentralización, el narcotráfico, las relaciones internacionales, la economía, el desempleo, la tierra y muchas más.

Difícil tarea jerarquizar estos temas, y abordarlos simultáneamente es imposible. Pero la verdad es que son tantas las áreas que requieren atención, tantos los problemas por resolver, que 2010 debería tomarse como un año de quiebre. Un año en el cual el país cambie seriamente de rumbo, difícil de aceptar para los miembros del Gobierno o los uribistas.

Sin duda, el primer quiebre se refiere a la democracia colombiana, hoy seriamente amenazada. Como lo acaba de sugerir The Economist, si bien “Uribe ha logrado mucho”, Colombia necesita “instituciones fuertes” en lugar de un “eterno hombre fuerte”. Y fue mucho más lejos al recomendarle al presidente Uribe seguir los pasos de mandatarios como Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Michelle Bachelet, de Chile, que se negaron a cualquier posibilidad de ampliar sus mandatos. “Siguiendo su ejemplo, Uribe podría entrar en la historia como un demócrata que salvó a su país”. Otro país será Colombia si la segunda reelección del señor presidente Uribe se vuelve una realidad en contra de todas las barreras políticas e institucionales que hoy existen. Puede que muchos colombianos lo vean como algo normal, pero para el mundo entero, este país dejará de ser una de las democracias más reconocidas de América Latina para entrar en el reprochable mundo de las dictaduras.

Otro quiebre tiene que darse en el manejo de la economía por parte del Gobierno. No más triunfalismo, no más frases de cajón, no más interpretaciones amañadas de la dura realidad. La verdad es que se estancó la economía colombiana, porque los sectores claves como la industria, el comercio y el sector agropecuario, que son los que generan empleo y pagan impuestos, están paralizados. La excusa no puede seguir siendo la crisis internacional. Ni el país se blindó, ni ya se tocó fondo, ni se recuperará el dinamismo rápidamente. Las cifras demuestran que eso no es cierto y que lo que se requiere es analizar seriamente lo que debe hacerse para que los motores del desarrollo colombiano arranquen de nuevo.

Sobre la paz: ni está cerca el fin del fin, ni la guerrilla está en las últimas. Tampoco desapareció el paramilitarismo y mucho menos, el motor de todas las guerras que es el narcotráfico. Este es un tema crítico que requiere un quiebre, lo cual no significa que se ignoren los éxitos de la Seguridad Democrática, sino que se reconozca que después de siete años, se requiere un balance objetivo para fijar nuevos derroteros.

La gente, esos colombianos promedio y los pobres o marginados, necesitan un gran quiebre en las políticas públicas y en las prioridades del país, donde no han aparecido. Sacar de la miseria a 8 millones de colombianos, reducir la pobreza a niveles menos vergonzosos y fortalecer esa clase media tan olvidada y golpeada, son objetivos que exigen nuevas políticas económicas y sociales muy distintas a las actuales. Crear capital humano, verdaderas reformas laborales y, sobre todo, hacer realidad la Constitución del 91, que exige al Estado responder por los derechos económicos, sociales y culturales de todos y cada uno de los 46 millones de colombianos, deben convertirse en una verdadera realidad. Faltan otros quiebres, pero con éstos se empezará a construir un país distinto.

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