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Pedro González, identificado como aparece al pie de mi firma, me dirijo ante ustedes para, de la manera más respetuosa, hacer la siguiente aclaración.
En la publicación de este diario del pasado 02 de noviembre de 2008 aparece una nota con una fotografía en la que me encuentro haciendo una presentación de humor con mi personaje característico Don Jediondo. Pese a que no se me nombra, mi imagen sí aparece al lado de algunos uniformados en dicha fotografía y por tanto es mi deber aclarar e informar a la opinión pública que mi presencia en aquel escenario público se debió única y exclusivamente a una invitación para presentar mi show de humor.
En mi humilde opinión, la fotografía está fuera de contexto, pues la noticia era la polémica entre la Policía Metropolitana de Bogotá y la empresa DMG y no el show de humor de Don Jediondo.
Pedro González. Bogotá.
Delincuentes y universidades
Sí que es complicado el alarmismo en los tiempos de la sospecha. Resulta ahora que la Fiscalía, el órgano que se encarga de investigar e imputar crímenes, ha solicitado las bases de datos de estudiantes y profesores de ciertas universidades públicas, y algunas privadas, con el fin de hallar delincuentes. Otro de los disparates ocurridos en nombre de la lucha contra la criminalidad.
Claro está que la cosa no se erige sobre la nada. La antecede un avispero perturbado por las denuncias de infiltración guerrillera en las universidades (que es en verdad preocupante). Sin embargo, la exageración parece haberse tomado el lugar de la sensatez y de la buena fe; del respeto y la prudencia se ha pasado a la sospecha y la acusación.
Qué irresponsable fue la rueda de prensa ofrecida por la anterior directora del DAS, en la que daba el parte de las investigaciones que había llevado su organismo sobre los alcances de la guerrilla en las universidades. Me pregunto si es que el DAS tiene que hacer públicos los resultados de sus pesquisas. Con sus declaraciones, la directora pasaba por encima de la presunción de inocencia y del buen nombre de todos los integrantes de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) al señalar su fundación como obra de las Farc. ¿Cómo se ha llamado a tales sindicaciones en otros tiempos? Macartismo. Para eso se tomaban ridículos cuestionamientos que hacían las veces de indicadores infalibles en la caza de incómodos comunistas, a saber: si camina como pato, habla como pato… es porque es un pato. Siguiendo la misma lógica todo aquel con un cariz contestatario viene siendo guerrillero. Y siguiendo la misma lógica se ha requerido las bases de datos de algunos centros de educación superior. Control de pensamiento. Macartismo.
El problema no son las universidades, no son las corrientes políticas dentro de las cuales los universitarios militan. El problema es la delincuencia, y hay que diferenciar una cosa de la otra.
Como estudiante de la Nacional, y como ciudadano que siempre ha condenado la violencia y la criminalidad, exijo respeto.
Duván Rozo Riaño. Estudiante de Antropología, U. Nacional.
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