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Como melómano, investigador y conferencista de historia de la música, quiero compartir mis apreciaciones respecto del artículo publicado el día 31 de mayo de 2009 denominado “Los filones de Joseph Haydn”, del columnista Manuel Drezner, el cual, aunque acertado, considero es injustamente lacónico y corto en algunos tópicos que son indispensables para rememorar al gran maestro austríaco:
Lo primero es referir que a Haydn se le conoce como “el padre de la sinfonía” puesto que desarrolló esta forma iniciada por los hijos de Bach, y la perfeccionó a grado tal, que fue modelo obligatorio de todos los compositores que le precedieron, iniciando, como someramente lo indica el artículo, por el propio Mozart y Beethoven.
Lo segundo es clamar por la cita de que además de las obras mencionadas en el artículo y en sus notas anexas, Haydn compuso un oratorio denominado La creación (Die Schöpfung ) que es acaso una de las obras corales cumbre del clasicismo, que el propio Haydn consideró uno de sus mejores logros: en este oratorio se mezclan los textos bíblicos del génesis y los salmos con fragmentos del poema El paraíso perdido del inglés John Milton, en una evocación que más allá de cualquier consideración teísta es poética, logrando una obra de singular belleza y emotividad aún vigentes.
Lo tercero es dar a conocer la importancia internacional que llegó a tener Haydn en su época, desbordando su carácter de músico de la corte de los príncipes Esterhazy; de hecho, la mencionada Creación fue compuesta originalmente en lengua inglesa, y traducida al alemán para su premier en Viena en 1798, estrenada en Londres al año siguiente. Sus últimas sinfonías, conocidas también como “Sinfonías de Londres”, de la número 93 a la 104, fueron a instancia de dos viajes del compositor a Londres entre 1791 y 1795 , ciudad que lo reconoció como un importante hombre de las artes desde 1791, año en que la Universidad de Oxford le confiriera la condición de doctor honorario.
Como último, vale la pena recordar que Haydn participó de lleno en los movimientos de avanzada del pensamiento ilustrado de su época, siendo a instancia suya que W.A. Mozart ingresara a la francmasonería, por aquel entonces resguardo de los libre pensadores y más importantes intelectuales de la época.
Agradezco su atención, en gracia de engrandecer el nombre de este austríaco hoy universal.
Jorge Sanmartín. Bogotá.
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