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De la arepa socialista

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En Venezuela viene circulando un libro desde mediados del año pasado, escrito por Guillermo Aveledo, que se ha convertido en un best seller, no tanto por todo lo que dice sobre los sórdidos dictadores que en el mundo han sido, como Mussolini, Stalin, Trujillo, Hitler, Mao, Fidel, Franco y Stroessner, sino precisamente por las inferencias que propone y que deliberadamente omite.

Carlos Alberto Montaner, al comentar la publicación —que no menciona a Chávez—, por el contrario dice que el picaresco personaje de Miraflores es una rara mezcla entre Mussolini, por la arrogancia histriónica, y Castro, por su enfermiza locuacidad y los disparatados proyectos que siempre terminaron en el más estruendoso fracaso. El libro, en fin, recorre el más bajo mundo de las aberraciones del poder y del imaginario en que viven los sátrapas, a quienes sólo interesa la obsecuente sumisión de sus compatriotas a sus antojos y a sus más ridículos deseos, así para ello tengan que aplastar a sus enemigos reales o ficticios. En este punto, pareciera que estuviera su mayor fortaleza, apoyados, por supuesto, en el gran entramado de los medios de comunicación que les sirven de caja de resonancia. De ahí que someter el pensamiento independiente, la radio y la televisión, les resulte una obsesiva importancia. Cualquier episodio que le sirva al régimen, por más absurdo que parezca, se convierte entonces en la gran prioridad nacional.

A finales del año pasado al líder de la revolución bolivariana se le ocurrió que unos aviones teledirigidos desde Colombia, con el respaldo de las bases norteamericanas, habían violado su espacio aéreo. Días antes, denunció igualmente que desde las Antillas Holandesas había ocurrido otro atentado a la soberanía venezolana, pues el propósito del imperio, dijo, era una inminente invasión. De pronto, en su atropellada manera de pensar, recordó lo ocurrido a Noriega en Panamá, y se apresuró a conformar un regimiento militar para defender sus fronteras, lo que también permitió al controvertido periodista peruano  Jaime Bayly en su programa de televisión burlarse —con un delicioso sarcasmo, además— de lo que llamó el “batallón Shakira”, por lo estrafalario de sus atuendos. Es que el genio diabólico de los dictadores alcanza para eso también, para la mofa, como mecanismo de defensa. Todo cabe en su impredecible cabeza. Por eso, ante el hambre generalizada de su pueblo, Chávez tuvo ahora —será el gran propósito nacional de su gobierno para 2010—, la genial ocurrencia de la arepa socialista que, como gran solución, será vendida en todas las esquinas, con cocineros de uniforme escarlata, como un homenaje a la revolución. Será la antítesis de la arepa capitalista, no sólo por el precio, se vende sólo a 5 bolívares (2,32 dólares), sino también por el tamaño.

 José López Hurtado. Popayán.

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