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De la senadora Marta Lucía Ramírez

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En días recientes, se ha especulado mucho sobre las razones de mi inasistencia los días lunes y martes en la plenaria del Senado. Sobre este particular debo señalar lo siguiente:

El día lunes 15 de diciembre fui sometida a una cirugía neurológica, practicada por el doctor Carlos Cure, m.d. neurocirujano, que había sido programada desde el mes de octubre. Dicha operación era impostergable por razones médicas y la fecha había sido acordada teniendo en cuenta que la agenda legislativa no contemplaba sesiones extras para el 15 de diciembre.

Cómo la opinión pública conoce, las sesiones del lunes 15 y martes 16 de diciembre fueron convocadas el jueves 11 de diciembre, de improviso, lo que imposibilitó mi presencia el lunes.

He servido y serviré al país sin descanso. Como Senadora de la República me he destacado por la intensidad de mi compromiso con el país, el cual es reconocido aún por mis más encumbrados detractores. Cómo ejemplo, debo mencionar que durante la actual legislatura fueron aprobados varios proyectos de mi autoría como la Ley de Ciencia y Tecnología, la Ley de Competitividad y la Ley de Inteligencia, todos ellos de gran trascendencia nacional. Así mismo, promoví un gran acuerdo nacional para la generación de nuevos empleos y la reducción de la informalidad en la economía.

Trabajando, trabajando y trabajando he acompañado al presidente Uribe, con total convicción en las buenas y en las malas, desde el Ministerio de Defensa en el año 2002, diseñando con él e implementando la política de seguridad democrática, hasta el Congreso de la República desde abril de 2006. Entre tanto, muchos de los llamados uribistas le han dado la espalda o han abandonado sus filas.

Precisamente por mi compromiso con el presidente Uribe, he sido clara en mis posiciones sobre los diferentes temas de la realidad nacional. Los verdaderos uribistas somos aquellos que miramos en los ojos del Presidente y le decimos la verdad, no esos que se refugian en su popularidad para buscar beneficios oportunistas. El presidente Uribe es un líder que se merece todo el respeto y afecto de todos los colombianos; él y su familia han hecho enormes sacrificios por Colombia y merecen toda nuestra sinceridad y agradecimiento. Su presidencia ya ha quedado inscrita en la historia de Colombia como un periodo de grandes transformaciones y avances y el día que concluya lo hará en medio del reconocimiento y la gratitud de millones de colombianos.

 Marta Lucía Ramírez. Senadora de la República. Bogotá

Sobre la Cruz Roja Internacional

Por estos días se conmemoró el aniversario de los DD.HH. y se hace necesario reflexionar sobre las faltas que cometen no sólo los gobiernos, sino las entidades que, como la Cruz Roja Internacional, están obligadas a defenderlos.

Como es bien sabido por la opinión pública nacional e internacional, se cometió un grave error por parte del Gobierno colombiano al usar indebidamente el emblema de la Cruz Roja Internacional en la Operación Jaque.

No se puede desconocer el valor del Gobierno ni de las FF.AA. de Colombia y es evidente que dicha operación fue un éxito rotundo, además digno y merecedor de todo reconocimiento y admiración, pero también es evidente que sí hubo perfidia,

puesto que con el concurso del emblema de la Cruz Roja Internacional resultaron capturados dos guerrilleros de las Farc.

La Fiscalía niega la perfidia aduciendo que la intención fundamental del operativo no era la de capturar a los dos guerrilleros, sino la de rescatar a los secuestrados. Sin embargo, la verdad es que esa captura, aunque era necesaria e inevitable teniendo en cuenta las circunstancias propias de un operativo de semejante talla y naturaleza, es ilegítima desde la óptica del Derecho Internacional Humanitario y es, sin lugar a dudas, contraria a los principios que rigen la misión de la Cruz Roja Internacional.

Si los secuestrados hubiesen sido rescatados sin capturar a los dos guerrilleros, entonces la sola disculpa del Gobierno colombiano hubiera sido más que suficiente y acertada.

Sin embargo, debido a que no sólo se liberó a los secuestrados, sino que de hecho se capturó a dos guerrilleros (con la ayuda del emblema de la Cruz Roja Internacional), el Gobierno Colombiano no sólo debió disculparse, sino que la misma Cruz Roja Internacional, sede Colombia, debió, adicionalmente, exigir públicamente un resarcimiento acorde con la falta cometida.

Imagino que la Cruz Roja Internacional puede comprender, como comprendemos todos, que la captura de los dos guerrilleros era necesaria puesto que, de otra forma, la liberación de los secuestrados no hubiera sido posible. En ese sentido, se trató de un error “inevitable” que por eso mismo puede ser justificado.

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Sin embargo, eso no significa que el valor de la neutralidad de la Cruz Roja Internacional no deba ser resarcido. Así las cosas, hace bien la Cruz Roja Internacional no condenando la captura, pero por otro lado hace muy mal declarándose satisfecha con las solas disculpas.

Aceptar las solas disculpas es desconocer ella misma su presencia y su razón de ser en nuestro país. Aceptar las solas disculpas es no respetar ella misma su misión ni el valor del emblema en cuestión.

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Si, como lo afirman los estatutos del CICR, es función de la Cruz Roja Internacional “mantener y difundir los Principios Fundamentales del Movimiento, a saber: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad”, entonces ha debido hacer lo posible para “invalidar” esa captura.

Jorge Merchán Price. Cirujano general.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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