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El editorial de El Espectador del día lunes 25 de mayo cuestiona la propuesta de un seguro de desempleo. Argumenta que no corrige los problemas de informalidad laboral y poca generación de empleo que afronta el país.
Cuestiona también los riesgos de selección adversa y riesgo moral. Teniendo en cuenta que como candidato propuse hace varias semanas la implementación de este seguro de desempleo, creo necesario aclarar varios aspectos ante un editorial que busca despedazar sin argumentos de fondo una propuesta seria y conveniente para Colombia.
Lo primero: nadie ha dicho que el seguro de desempleo sea la herramienta para resolver la informalidad laboral o la poca creación de puestos de trabajo. Estos problemas requieren otro tipo de medidas. Pero tampoco podemos olvidar a quienes ya tienen un puesto de trabajo y temen perderlo por la coyuntura económica. El solo temor erosiona la confianza de estas personas y las precipita a dejar de consumir, con lo cual se detiene aún más el aparato productivo y se pierden más puestos de trabajo. Un círculo vicioso de pérdida de confianza que se puede romper con un seguro de desempleo.
Lo segundo: el riesgo de selección adversa. Esto se corrige si el seguro es obligatorio. De lo contrario, sólo lo tomarían quienes tienen mayor riesgo de perder su puesto. En esas condiciones ninguna compañía aseguradora entraría al proyecto y la propuesta fracasaría.
Lo tercero: el riesgo moral. Esto es, trabajadores asegurados disminuyendo su rendimiento y buscando quedar desempleados. Esto se corrige si la compensación mensual del seguro no excede el salario original, tiene límite en el tiempo, se paga únicamente cuando el retiro es sin justa causa y se condiciona a un período mínimo de estabilidad laboral. Tampoco puede ser retroactivo.
Por último: la financiación del seguro. Supongamos un seguro de desempleo para dos millones de trabajadores con ingreso inferior a dos salarios mínimos. Si la compensación es del 50% sobre el salario original y por un período máximo de 6 meses (con supuestos plausibles sobre tasa y frecuencia de desempleo), las primas del seguro costarían 10 mil pesos mensuales por cada trabajador asegurado.
En esta coyuntura no podemos erosionar la capacidad de consumo de los trabajadores ni lesionar la capacidad de generación de empleo de los empresarios. Por ello, las primas del seguro no pueden pagarse ni con cargo al trabajador ni con cargas parafiscales adicionales. Una posibilidad es financiarlas combinando aportes públicos con recursos de algunos programas de las cajas de compensación (por ejemplo, del subsidio al desempleo).
La cajas también administrarían el programa, logrando menores primas por el volumen negociado con las compañías aseguradoras. Se obtendría, además, una importante sinergia entre los programas de las cajas y el seguro al desempleo.
La crisis mundial exige proteger más las fuentes de ingreso y de confianza de las familias colombianas. Un paso (de muchos que hay que tomar) en esa dirección se da implementando este seguro de desempleo. Varios países ya lo tienen y Colombia también lo puede tener.
Andrés Felipe Arias. Bogotá.
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