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La reconocida periodista Cecilia Orozco me solicitó que le concediera una entrevista para la edición dominical del periódico para que, en mi condición de jurista y precandidato presidencial, analizara la actual coyuntura jurídica y política de la Nación. La entrevista se realizó dentro de los normales cauces en estos casos y salió el texto ajustado a mis respuestas.
Cuál no sería mi sorpresa cuando al abrir el periódico encuentro que, al margen de la entrevista, aparecieron unos recuadros en donde se hicieron una serie de cuestionamientos a mi trayectoria profesional y política.
Por eso expreso mi protesta, pues para hacer el perfil no se consultó imparcialmente a amigos y enemigos sino exclusivamente a quien, por razones que ignoro, quiso tergiversar verdades históricas, políticas y judiciales. En esa “nota” con características de editorial, hay las siguientes falsedades, mentiras e imprecisiones:
1. No es cierto que inmediatamente después de mi retiro de la Fiscalía en 2001 me hubiera presentado como precandidato y retirado por un sondeo negativo. No fui precandidato por la elemental razón de que en ese momento estaba constitucional y legalmente inhabilitado.
2. Es cierto que me presenté como precandidato en el Congreso de 2005, y me retiré por razones distintas a las que se mencionan. No alegué la unidad del partido sino que lo hice por no estar de acuerdo con las fórmulas acordadas para la consulta. Este hecho es público y fue transmitido en directo por televisión y registrado en los periódicos.
3. No es cierto que tuviera apenas el 1%, pues en ese momento no hubo sondeos sobre precandidaturas.
4. Es falso que otros candidatos se hayan retirado. En ese momento el caso mío fue el único. El retiro de la precandidatura de la doctora Cecilia López fue mucho después, y por petición del jefe del partido, doctor Cesar Gaviria.
5. Invito a que revisen las grabaciones del Congreso para verificar si allí aparece la ofensiva frase atribuida a Jaime Castro. Nunca la oí. Tampoco nadie la recuerda. Es más, no recuerdo haber visto al senador en el certamen y menos que hubiese hecho uso de la palabra.
¿De dónde sacó el autor de esa absurda nota el título de “Eterno precandidato” si, como se deduce claramente de esta relación, solo lo he sido en una oportunidad? El doctor Jaime Castro fue una persona que me ayudó en los comienzos de mi carrera profesional. Lamentablemente hoy en día y por razones que ahora no vienen al caso, tenemos una mala relación.
En otro aparte del mismo agregado se coloca —como si fuera un hecho actual— como a mi “más duro rival” a Alberto Santofimio. El señor Santofimio, por razones que todo el país conoce, salió hace muchos años del escenario político. Y en cuanto a que “contra todos los pronósticos no logró mayores avances en la investigación contra Santofimio”, se desconoce el hecho de que la declaración de alias Popeye contra Santofimio, surgió después de mi retiro y para entonces lo que había en el proceso era una declaración del mismo Popeye, liberándolo de toda responsabilidad.
Luego, bajo el título de “una vida en torno a la polémica”, se afirma que “me las he sabido arreglar”, “para sacar a flote difíciles pleitos personales o comprados…”. Nunca he tenido pleitos personales. He sido un abogado que ha ejercido legítimamente su profesión, sin cuestionamientos de ninguna autoridad judicial o disciplinaria. El país conoce cuáles son los “procesos estrellas” supuestamente caídos, así como sus razones. Quisiera que le preguntaran al actual Fiscal General cuáles son los procesos “estrella” que me ha “tumbado”.
Es claro, señor, que si en la entrevista se me hubiera preguntado sobre cualquiera de estos puntos, habría tenido las respuestas adecuadas. Pero no fue así. Pido excusas por la extensión, pero no podía dejar de hacer estas precisiones.
Alfonso Gómez Méndez. Bogotá.
Nota de la Dirección: No es una tradición de El Espectador desprestigiar dirigentes públicos. Tampoco lo hizo con el ex fiscal ni esa fue su intención en los recuadros.
Errores de los columnistas
La circulación nuevamente de este periódico como diario, es otro memorable hito en la historia del periodismo colombiano, a la que tanto ha contribuido —por cierto— siempre la misma buena calidad informativa que lo ha caracterizado.
En cuanto a las páginas de opinión —que mucho nos interesan—, nos parece que en esta etapa carece de una respetable nómina de colaboradores de reconocido prestigio en el nada fácil arte de escribir; aparte de unos cuantos comentaristas de trayectoria en el oficio, sin querer molestar a nadie, los que aparecen con mayor frecuencia bien pueden calificarse de amateur.
Precisamente, nos permitimos manifestarle nuestra observación en el sentido de que en el artículo de Ernesto Yamhure titulado “Editorial disfrazado de sentencia”, del 28 de junio de 2008, el autor se ocupa del sonado caso de la ex parlamentaria Yidis Medina y la llama “distinguida rea”, desatendiendo la advertencia de la Academia de que se debe escribir reo, en razón de ser “nombre común en cuanto al género” (masculino o femenino).
Darío Valde. Bogotá.
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