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Desde Rusia llegan…

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El presidente Medvedev acaba de firmar una reforma constitucional que extiende su mandato de cuatro a seis años. Comodín político del hoy primer ministro y ayer presidente Vladimir Putin, la jugada apunta a presionar una intempestiva renuncia de Medvedev que le abra el camino al regreso de Putin investido del poder ya no por cuatro años sino por seis.

La noticia hay que rescatarla entre las minúsculas editoriales de The Washington Post (diciembre 30). Pero constituye una señal mayúscula para Colombia. Simplemente porque allá como aquí, Medvedev ha violado la constitución para reformarla con la anuencia de sus mayorías parlamentarias, la complicidad de algunos medios de comunicación y el silenciamiento de la oposición. En efecto, las advertencias del minoritario partido Yablock, en el sentido de que el presidente se aprestaba a violar la Constitución para reformarla, fueron ignoradas.

Las maniobras de La Plaza Roja se asimilan a las de la Casa de Nariño. Entre otras cosas, porque la reforma fue producto de una peculiar “consulta popular” violatoria de la Constitución. Para modificar el “articulito” la Presidencia acudió al voto de las 83 legislaturas regionales rusas en el tiempo récord de 50 días. Y porque esta votación regional debía aguardar un año para ser considerada por el Parlamento, lo que la aplastante mayoría del régimen impidió que ocurriera de modo que las dos cámaras le dieron vía libre a la firma presidencial de la reforma inmediatamente terminaron los 50 días de la votación regional.

Vale aclarar que en Rusia será imposible que esta decisión sea llevada en instancia posterior a alguna corte. Algunos dirán que afortunadamente eso no ocurrirá en Colombia porque tenemos Corte Constitucional. Pero olvidan estos inocentes que durante 2009 en Colombia la Casa de Nariño elegirá a dedo la mayoría de magistrados constitucionales que examinará la constitucionalidad de la reforma reeleccionista. Lo mismo que en Rusia, con la sutil diferencia de que en Colombia nos tomaremos el formalismo doble moralista de disfrazar el entuerto con un traje de invisibles hilos dorados, todo a nombre de un régimen que se autoproclama “honesto a toda prueba”.

Desde Rusia llegan hacia Colombia vientos siberianos cargados de un helado clima inconstitucional, también a nombre de una democracia que, paso a paso, se reduce a una dama vapuleada y deforme a nombre de estos despotismos de nuevo tipo.

Bernardo Congote. Bogotá.

El maestro Danilo Cruz Vélez

La periodista Patricia Lara Salive, evoca en su columna “Mis maestros”, en el diario El Espectador, del 17 de diciembre último, a su profesor de filosofía Dr. Danilo Cruz Vélez, discípulo del filósofo alemán Martín  Heidegger (1889-1976) en la Universidad de Friburgo y fundador de las facultades de Filosofía de las universidades Nacional de Colombia y los Andes. Su lectura me ha retrotraído a la época en que el doctor Cruz Vélez fue, en el Colegio Americano de Bogotá, nuestro profesor de Literatura y Filosofía. Lo veo ingresar al salón de clase, con su sombrero, sin paraguas, en la mano derecha y en la izquierda, contra su pecho, dos o tres libros, con un porte elegante semejante al del periodista Clarck, el Supermán de las tiras cómicas, lo que le valió este sobrenombre.

Es que aún tengo vivo el recuerdo de aquella tarde en que me encontró conversando con el compañero de al lado. Entonces, me preguntó: “Méndez, ¿qué es poesía?”. Y yo, sorprendido, comencé a inventarme una definición de poesía. Entre tanta indefinición dije: “mejor dicho…”, y él me respondió: “No, no me diga mejor dicho, porque hasta ahora no me ha dicho nada”. Y de inmediato le pasó la pregunta al literato y filósofo de la clase, Isaac Chipkewiz (q. e. p. d.), quien se puso en pie y declamó:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú”.

Gustavo Adolfo Bécquer.

La misma vergüenza no me permitió encontrar un hueco por donde desaparecer. Pero al profesor Danilo, su elegancia y su porte de profesor, tampoco le permitieron regañarme ni expulsarme del salón. Pero eso sí, logró su propósito de afianzar en mí, aquel consejo en que siempre nos insistió: “Aprender algo de las humanidades antes de emprender la zapatería”. Para el filósofo, zapatería era toda aquella otra profesión, sin tener en cuenta la importancia que cada quien le dé al ejercicio de la escogencia. Consejo éste perenne en sus alumnos de bachillerato.

Víctor Manuel Méndez Gutiérrez. Bogotá.

Sobre Cali

La Alcaldía y los concejales de Cali planean cobrar impuestos de Valorización para construir 21 megaobras que supuestamente costarían 800 mil millones de pesos. Expertos veedores ciudadanos, conocedores de estas materias, estiman que las obras valdrían tres veces más, es decir 2,4 billones de pesos. El pueblo de Cali es pobre y no tiene para pagar estos impuestos. Además hay desconfianza sobre la transparencia del manejo de estos dineros. Actualmente apenas alcanza para pagar las facturas de Emcali y comer —algunas veces, sólo una vez al día—.

Cali vive un caos total desde que los alcaldes fueron elegidos por voto popular. Ya van cinco alcaldes muy malos, incluido el actual, con su populismo de “la salsa”. De ser “la sucursal del Cielo”, Cali pasó a ser “la capital del Despelote”.

Ojalá no vayan a romper más pavimento para estas 21 megaobras y luego las tengan que suspender por falta de plata. ¡Entonces el caos será catastrófico!

Horacio Baena. Cali.

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