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Después de medio siglo de embargo apenas comenzó a terminar la guerra fría; Raúl Castro puede pasar a la historia como el Gorbachov versión Caribe, y la apertura de relaciones Cuba-Estados Unidos puede ser la noticia política más importante de las últimas décadas en América Latina.
Atrás queda, por sustracción de materia o porque la URSS es un recuerdo, la crisis de los misiles que pudo acabar con la vida en el planeta; el muro de Berlín; las dictaduras de la cortina de hierro y la teoría militar del foco guerrillero que no pudo, salvo temporalmente en Nicaragua, replicar con éxito ningún otro país de nuestra América.
También quedan atrás las dictaduras militares y los golpes de Estado promovidos con el pretexto del fantasma comunista que hoy son, también, un escabroso recuerdo.
Una medida como la que ha tomado Castro no necesita justificación ni explicaciones: más allá de las propuestas ideológicas, al igual que las leyes de la física, el pragmatismo llega a la casa de Robinson Crusoe. Aunque no se puedan negar los logros en salud y educación del régimen cubano, tampoco se podía esperar que las actuales condiciones de la población pudieran durar mucho más.
La decisión de Obama puede ser calificada por sectores extremos en su país como una innecesaria concesión al régimen de los hermanos Castro. Pero el mundo cambió mientras el embargo y aislacionismo, al igual que la política antidrogas, permanecían imperturbables. Ahora, a diferencia de los 60, existe una China convertida en la primera potencia económica (PIB 2014) y una Unión Europea que estaba a punto de recortar, por su cuenta, enormes injusticias del embargo.
Mejor acercamiento que aislacionismo ha dicho el presidente Obama para confirmar que ahora la política exterior de su país prefiere amigos en Latinoamérica en un mundo en el que, a pesar de la renovada fortaleza del dólar y de su autonomía energética, su “única” hegemonía es de tipo militar en un mundo multipolar.
Esta apertura y las decisiones sobre inmigración recientemente tomadas confirman el talante de un Obama liberado de compromisos electorales después de la paliza recibida recientemente. Pero la radicalización de la política norteamericana que se ve venir, puede convenir más a demócratas que a republicanos de cara a las próximas presidenciales. Es difícil, para los demócratas, imaginar un resultado peor que el de las recientes elecciones. Después de eso cualquier cosa es ganancia. ¿Pensará lo mismo la señora Clinton?
Al nivel de política latinoamericana se abre un nuevo escenario en que el sobre valorado exilio cubano será menos interlocutor del gobierno norteamericano abriendo espacios al gobierno de Castro. Por otra parte, Venezuela deberá repensar su estrategia regional tanto como lo hace el gobierno de Estados Unidos que finalmente ha recibido mensajes como el de UNASUR: mejor una OEA unificada que un bloque regional fortalecido y decididamente contestatario a su política exterior. La cuña de UNASUR, ahora con el liderazgo del experimentado expresidente Ernesto Samper, aprieta.
Para quienes “leen” los acontecimientos políticos con una visión estática, ideologizada o poco pragmática, cae muy bien una historia que esta semana circuló en la calle y en las redes. En ella aparecen, hace medio siglo, el Che y Fidel.
Dice El Che: “oye Fidel ¿Cuándo será que los gringos levantarán el embargo?”.
Responde Fidel: “Cuando el presidente de los Estados Unidos sea un negro y el papa un Argentino, como tú”
Vivir para ver, dicen por ahí.