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¿El fin de la exclusión?

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La Ley del Cuidado, que está para sanción presidencial, ayudará a las mujeres a recuperar un lugar en el mercado laboral.

Es posible que no se cumpla la frase “por los siglos de los siglos” en el tema de la subestimación de la importancia de la equidad de género. Estudios de agencias internacionales han comprobado lo que muchas mujeres sentíamos: el resurgimiento del machismo colombiano, de los valores patriarcales, de esas formas cada vez menos sutiles de subestimar a la mujer independientemente de sus méritos. El gran despliegue en los medios de estos resultados es el comienzo de un reconocimiento necesario. ¿Se es una sociedad moderna con estos niveles de violencia contra las mujeres y de discriminación laboral? El tema se puso de moda en Colombia y en el mundo.

Hay una luz de esperanza para los que creemos que la equidad de esta Colombia injusta empieza por reducir las desigualdades injustificadas entre mujeres y hombres. Se trata nada menos que del 51% de mujeres, frente al 49% de hombres. Como siempre pensamos las economistas, se necesitaba un elemento distinto a la agenda estrictamente femenina, para que el proceso de equidad de género se dinamizara, porque nunca se logró vender que la salud sexual y reproductiva, el aborto, la violencia intrafamiliar, la alta mortalidad materna, afectaran seriamente el crecimiento económico. Pero aparecieron dos elementos que se complementan y que ofrecen mejores augurios para que finalmente, los desequilibrios que afectan a las mujeres entren al centro del debate sobre crecimiento y equidad.

El primero de ellos es el reconocimiento del infinito costo que asumen las sociedades por los bajos niveles de participación de las mujeres en los mercados de trabajo con lo que se afecta la productividad de sus economías. Un artículo del New York Times, publicado recientemente por El Espectador, de Katrin Bennhold, plantea que a largo plazo las mujeres podrían ser la clave para superar la crisis, no solo del sur de Europa, sino de todo el mundo. Su argumento consiste en mostrar que la participación de las mujeres en la fuerza laboral al ser 20 puntos porcentuales menor que la de los hombres, mientras en la Unión Europea es de 12 puntos, en Estados Unidos de 9 y en Suecia de 4, está teniendo un costo muy alto para esta parte del Planeta y, por consiguiente, para muchas otras regiones que tienen esas mismas diferencias. Incluye declaraciones como  ésta: “Si los europeos quieren mantener su infraestructura social, tienen que mejorar la integración de las mujeres al mercado laboral”.

Es más, Goldman Sachs afirma que la eliminación de la brecha entre empleo masculino y femenino en los 16 países que comparten el euro, se traduciría en un aumento del 13% del PIB. En síntesis, la subutilización de la mano de obra femenina que la autora atribuye con razón, al machismo, le está costando mucho al mundo, aún al desarrollado para no hablar de América Latina donde la diferencia actual entre hombres y mujeres en tasas de participación laboral es de 26 puntos porcentuales (CEPAL). En Colombia esta diferencia es de 22.2 puntos, superior a la que se da en el Sur de Europa. Preocupa además, que Colombia no solo perdió el liderazgo al ser el primer país de la Región que alcanzó el 50% de participación laboral femenina, sino que se estacó. Hoy Chile, Brasil e inclusive México, que sólo tenían tasas del 30% hoy superan el 50% de participación de las mujeres en el mercado laboral. 

¿Qué mantiene esta gran diferencia en los niveles de trabajo entre hombres y mujeres? No es la educación porque en este país como en la gran mayoría, las mujeres tienen en promedio, más educación que los hombres. Las diferencias que sí se pueden dar son en el tipo de educación porque ellas se concentran en aquellas carreras asociadas a su condición de mujer. Pero esto podría explicar su alto desempleo por exceso de oferta o bajos salarios, pero no su poca actividad. La legislación es otra explicación posible que también responde al machismo, dejar la reproducción en cabeza de la mujer y no de la sociedad, lo que encarece la mano de obra femenina. De nuevo esto puede explicar el alto desempleo de la mujer pero no la menor participación laboral. Más bien, como lo señala el artículo citado, estímulos impositivos para retener a la mujer en la casa, propio de un sistema patriarcal, pueden convertirse en factores negativos para las mujeres. 

Pero es la economía del cuidado, el trabajo del hogar no remunerado, la que constituye el elemento fundamental para explicar la baja participación laboral de muchas mujeres y por ende, el alto costo del machismo. Su importancia apenas se empieza a develar: el estudio realizado en el 2002 por el Busdesbank alemán “determinó que la inversión pública en guarderías infantiles había incrementado los ingresos del gobierno al hacer que fueran más las madres que volvían a trabajar.

Si con la Ley del Cuidado, que está para sanción presidencial, se reconoce su valor económico, se reduce esa carga de trabajo y  se comparte con el hombre y con el Estado por medio de políticas públicas, las mujeres colombianas serán la locomotora más dinámica del país. Esto es una gran revolución que no la debe parar ese denigrante machismo colombiano. Se acabaría con lo que ya se sentía como una condena: eterna subestimación y discriminación de la mujer “Por los siglos de los siglos”.

*cecilia@cecilialopez.com, www.cecilialopezcree.com, www.cecilialopez.com

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