Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Se ha discutido hasta el cansancio sobre los sectores ganadores y perdedores con la entrada en marcha del TLC con los Estados Unidos.
Algo hay de verdad en ese debate. En el punto de partida luce más promisoria la producción de prendas de vestir que la de maquinaria pesada. Sin embargo, los resultados a mediano plazo pueden ser muy distintos de los que se anticipan.
La eliminación inmediata de los aranceles para bienes de capital y materias primas, combinada con una tasa de cambio que reduce los costos de importación, permitirá a muchos empresarios modernizar sus procesos fabriles. Aquellos que aprovechen esta oportunidad se harán más competitivos, así en el papel no sean ganadores.
En el nuevo entorno de economía abierta, la estructura de competencia para cada empresario, sus clientes y proveedores tendrá cambios notables. Quienes no sepan ‘leer’ esa nueva realidad, para optimizar ventajas y eludir riesgos, podrían fracasar, así elaboren productos con potencial de éxito.
Los factores que determinan la competividad escapan, en buena parte, a las posibilidades de acción de los empresarios. Que la educación, la seguridad y las carreteras mejoren depende del Gobierno. Pero de ellos depende la productividad. Cómo ahorrar energía, reducir inventarios o mejorar la logística de transporte será más importante que nunca.
Colombia puede convertirse en una plataforma atrayente para finalizar en nuestro territorio la manufactura de productos provenientes de países como Brasil y China que no cuentan con acceso preferente a EE.UU. Si esa agregación de valor nacional es suficiente de conformidad con el TLC, podrán ingresar a ese país sin arancel. Estas dinámicas deben generar transformaciones profundas del aparato industrial. Este es el momento de abandonar las discusiones abstractas. Concluidas las negociaciones han llegado los negocios.
* Exministro de Comercio Extrerior