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El “ritmo opita” y el senador Andrade

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Comedidamente solicito a ustedes corregir el enfoque dado a la noticia “Congreso, a ritmo opita”, del 6 de noviembre de 2008.

Ciertamente les hablé del “ritmo opita”, pero refiriéndome a mi particular ritmo y velocidad de trabajo que, como lo saben quienes me conocen, es de 18 horas diarias desde las 6:00 a.m. y hasta altas horas de la noche, y con máxima rapidez. Lamentablemente, al presentar ustedes la noticia como de “trancón legislativo” y “colapso” y relacionar eso con mi frase de “ritmo opita”, ha quedado como si la falta de acción en algunos proyectos fuera la regla general y, de paso, muchos huilenses me han expresado su disgusto por sugerir que ese ritmo es lerdo y poco vigoroso. Muy al contrario, como lo he explicado.

Aprovecho para excusarme con mis paisanos puesto que se ha interpretado como peyorativa y estigmatizante la frase presentada en ese contexto equivocado. Mi “ritmo opita” es y seguirá siendo de largo aliento y velocidad.

Hernán Andrade Serrano.  Presidente del Congreso. Bogotá.

Sobre democracia y periodismo

Hoy como todos los días desde que se inició la nueva época de El Espectador, leerlos produce alegría, esperanza, sobre todo esperanza de que algún día aquí habrá algo parecido a una democracia. Pero de nuevo la percepción de una cierta esquizofrenia entre los editoriales y los columnistas, y en general el contenido informativo y la Redacción Judicial. El 6 de noviembre: de un lado, un editorial de meridiana claridad, sin ambages y en defensa del Estado de derecho y los derechos humanos, y del otro, un trabajo de la Redacción Judicial sobre el nuevo comandante del Ejército (general Óscar González), pleno de ambigüedades y complacencias con la violación de los derechos humanos. Si bien se informa, de paso, sobre los antecedentes de este personaje en el campo de la violación de los derechos humanos en Antioquia (una de las zonas de mayor afectación), se deja pasar la gravedad de este nombramiento y lo que suscitará en las organizaciones defensoras de los derechos humanos, nacionales e internacionales, que ya lo tienen registrado, como tenían al general Montoya. Eso sin contar al sector del Partido Demócrata que se muestra radical en este campo. La Redacción Judicial se limita, finalmente, a hacer votos por la buena gestión de alguien que tiene antecedentes tan macabros y vergonzosos. Ojalá un día el periódico adquiera una coherencia integral que anime todos sus ámbitos. Por ahora, ya es mucho contar con El Espectador. Ojalá su espíritu llegue a tocar, algún día, a algún sector de las élites, que sólo parecen interesarse por los negocios y la “salud” de unas instituciones que están en estado terminal.

Néstor Miranda. Bogotá.

General Montoya

Al general Montoya un agradecimiento por la excelente labor que realizó durante su permanencia en el Ejército Nacional. A pesar de que su renuncia se haya dado por las presiones de los últimos días por las acciones erróneas de algunos de sus subalternos, no hay que desconocer la excelente labor del general Montoya y todo lo que hizo durante su carrera por el país. Es importante NO generalizar conceptos equivocados sobre el Ejército Nacional por acciones de unos pocos. Por favor, sigamos brindando apoyo a esta gran institución y confiando en su gran labor.

María López. Bogotá.

Obama, la esperanza estadounidense

Esperaba con ansiedad el discurso que Obama les daría a muchos de sus simpatizantes que lo acompañaban en Nueva York. Movía todo los canales en busca de su salida, hasta que decidió salir en uno de ellos. Lo escuché, atento, diciendo que el triunfo no era de él sino de los que le habían dado su voto de confianza en las urnas.

Pero claro que es un triunfo de Obama. Es un triunfo de los afrodescendientes que ven en él el símbolo de un cambio y por eso han apostado a éste. Es la muestra de una lucha que los negros han dado desde hace muchos años. Desde Malcom X y Luther King. Es un momento definitivo para los Estados Unidos. Ese país dio muestras de que el cambio es posible… y claro, debe sumarse toda la crisis que están viviendo gracias a Bush. En eso también radica el cambio.

No sé si sea o no la mejor opción para Estados Unidos. A lo mejor en algunos meses la esperanza se vaya de los corazones gringos. Pero es un momento de efervescencia y calor que los norteamericanos no deben pasar por alto.

Yo espero que esta elección también sea positiva para Colombia.

Jerónimo García Riaño. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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