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Eldorado y Lucía Catalina Silva

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Fue la mejor y punto, dice un titular de El Espectador. Nos cambiaron las reglas del juego después del partido, dijo el papá de Lucía Catalina.

Ella sacó el mejor Icfes del país y por eso tenía derecho a la beca Ecopetrol como mejor bachiller 2008. Pero para la segunda prueba del año la institución cambió la forma de calificar las pruebas y el premio al mejor le correspondió a Juan Sebastián Rojas. Los Silva demandaron y ganaron, y Lucía Catalina tiene la beca. Los lectores nos quedamos sin saber cuál es la diferencia entre uno y otro sistema de medición, si hubo o no una injusticia, o si el examen hubiera sido el mejor bajo el nuevo sistema. También nos faltó saber si a Juan Sebastián le quitarán la beca; pero asumamos que no lo harán, y que 2008 quedará registrado con doble premio.

Para el caso del aeropuerto Eldorado, me sirvo de la afirmación “Nos cambiaron las reglas del juego después del partido”, para reiterarle a la Sociedad Colombiana de Arquitectos que las reglas para Eldorado se fijaron cuando el proyecto de construcción del nuevo terminal y demolición del antiguo se aprobó hace ya más de un año.

El tiempo para este control sobre Eldorado ya pasó, pero todavía es posible invitar a la Aerocivil a discutir públicamente sobre la importancia arquitectónica y patrimonial del aeropuerto. Y en consecuencia, invitarla a dar marcha atrás a la decisión de tumbar el conjunto sala de pasajeros-bloque de oficinas-torre de control.

Los valores arquitectónicos se comprenden remitiéndose a los principios de la arquitectura funcionalista, dominantes durante los años 50. Principios generales como la claridad, la sobriedad y la economía de medios, de los cuales Eldorado es un exponente ejemplar. Principios que se manifiestan particularmente en la sala de pasajeros, en un aspecto que en arquitectura se denomina espacialidad, constituido por el control de la iluminación natural, la proporción monumental y la construcción de vigas en concreto pretensado de impecable ejecución para obtener las grandes luces de la sala principal. Estas vigas tienen una dimensión que en ingeniería se denomina esbeltez, y sobre la que uno casi ni repara, hasta que lo sorprende el sobrecogimiento que le produce a los ingenieros estructurales, es decir, a los que saben de cálculo y de estructuras.

El valor patrimonial depende en parte del valor arquitectónico y radica esencialmente en el carácter simbólico de un objeto. En Eldorado se conjugan los dos, aunque hay símbolos que podrían tener mala arquitectura, como hay símbolos que ni siquiera son edificios. Así, una Virgen de yeso en un punto perdido de Colombia, podría ser un símbolo, aunque para muchos no signifique nada. Pero así son los símbolos.

De modo que tal como Lucía Catalina fue la mejor y punto; y tal como hay vírgenes que son símbolos, y punto; Eldorado, además de gran arquitectura, es un símbolo… ¿o no lo es?

Juan Luis Rodríguez. Bogotá.

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