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Elecciones en España

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El rey firmó el martes el decreto de convocatoria electoral que determina la fecha del 10 de junio como inicio de la campaña y, previsiblemente, el 19 o 20 de julio para la constitución del nuevo Congreso. Esta situación se da como consecuencia del fracaso negociador de los partidos involucrados en formar gobierno. Serán unas nuevas elecciones en las que se presentan mismos partidos, mismos líderes y similares tendencias de voto que, muy probablemente, harán, si cabe, más centrífugo el continuum partidista español, y Partido Popular, en la derecha y Podemos, en la izquierda, capitalizarán el desencanto que deriva de nuevas elecciones

Sin embargo, lo cierto es que el nivel de responsabilidad, ni mucho menos es equitativo. El Partido Popular, vencedor de las elecciones con 123 escaños, sobre un total de 350, se encontraba solo en el escenario partidista. Fruto de cuatro años de desgobierno, recortes y austeridad, y lastrado por una innumerable secuencia de escándalos de corrupción, fue capaz de poner de acuerdo a todos los partidos políticos españoles: ninguno quería pactar con él. Para colmo, desde el inicio negó cualquier atisbo de negociación que no pasara por el respaldo presidencial a Mariano Rajoy

Después del PP, estaba el PSOE, quien con Pedro Sánchez a la cabeza obtuvo, igualmente, el peor resultado electoral de los últimos cuarenta años. El PSOE se ha mostrado como un partido socialdemócrata en campaña pero conservador tras los resultados. Tanto, que el gran problema de una alianza en la izquierda, con Podemos, finalmente vino imposibilitado, entre otras cuestiones, por la negativa de los socialistas a derogar una reforma laboral, que atacaron en campaña por flexibilizar y precarizar el mercado laboral, pero que se negaron a finiquitar después como decisión política. A ello se suma un acuerdo que ha operado como camisa de fuerza con otro partido conservador, Ciudadanos, que contradecía buena parte de la esencia socialdemócrata sobre la que se inspiraba el PSOE, y que impidió cualquier acuerdo real de cambio y giro progresista.

Podemos, con 69 escaños, se limitó a ver cómo la esencia socialista del PSOE se desdibujaba, y resultaba impracticable cualquier alianza en la izquierda. Una traición a unos ideales que, posiblemente, se traduzcan en un cambio en las preferencias en el espacio ideológico progresista, donde Podemos podría superar al PSOE en votos, pero donde el nivel de fractura puede traducirse en un bloqueo negociador que dificultará la investidura del nuevo gobierno.

* Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

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