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Ex fiscal Osorio hace aclaración

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Nuevamente me veo en la obligación de pedir rectificación de información, por la nota publicada el 6 de agosto sobre el denominado “Caso Chengue”, en la cual se menciona mi nombre para incluir situación contraria a la verdad, al atribuirme “el archivo” del proceso penal contra el contraalmirante Rodrigo Alfonso Quiñones.

En primer término, el proceso no fue archivado, sino que tuvo decisión de fondo a cargo de un fiscal ante la Corte Suprema de Justicia que actuó con independencia y autonomía, en su condición de funcionario judicial, sin el concurso del Fiscal General, por copias que compulsó la fiscal de derechos humanos Mónica Gaitán, fiscal que por cierto dictó resolución de acusación contra dos miembros de la Armada Nacional, cuyo resultado fue la absolución por parte de los jueces. Esta decisión de absolución fue apelada por la Fiscalía General bajo mi administración.

Evidencias sobrevinientes o anulación de decisiones (que en este caso no fueron de la Fiscalía sino de la Justicia Penal Militar) hacen parte del debido proceso y de las garantías que, sin excepción, asiste a todos los colombianos. Si hay oportunidad procesal y motivos fundados para reabrir una causa contra ciudadanos que no fueron condenados en proceso anterior, ello no debe significar necesariamente actuación en contra de la ley por parte de funcionarios que no tuvieron acceso, al momento de decidir, a los elementos materiales probatorios y evidencias aportados con posterioridad.

 Luis Camilo Osorio. Ex fiscal.

Pequeños embajadores

El próximo mes de mayo del 2009 se cumplirán 50 años de la cordial invitación que nos hiciera el Diario El Espectador a los Niños o Pequeños Embajadores, como “premio especial” a los más sobresalientes del último grado de primaria de los Municipios Olvidados de cada Departamento, para conocer, en un corto viaje de turismo, la capital de la República, mediante un programa especial que se llevó a cabo entre los días 14 y 18 de mayo de 1959.

Recuerdo con especial cariño cómo en la medida en que arribábamos al Aeropuerto de Techo en vuelos de Avianca desde los diferentes orígenes del país, la alegría y el entusiasmo de todos los pequeños contagiaban de felicidad a las diferentes colonias de cada municipio, familiares y representantes del diario El Espectador que salieron a darnos la bienvenida en la terminal aérea, que en ese entonces funcionaba en predios que hoy ocupa el barrio Kennedy de Bogotá.

El programa que El Espectador nos tenía preparado para esta minigira por la capital fue sencillamente espectacular: hospedaje en el Hotel Tequendama, visita en Palacio de San Carlos al señor presidente de la República doctor Alberto Lleras Camargo y a su señora esposa, Museo Colonial, Casa de Moneda, Biblioteca Luis Ángel Arango, instalaciones de El Espectador, Almacén Luis M. Sarmiento (obsequios), Quinta de Bolívar, Museo Nacional, Club Los Lagartos, cena en la Escuela Militar de Cadetes, Cerro de Monserrate, Salinas de Zipaquirá, programa especial en Tv, Circo Royal Dumbar, Emisora Nuevo Mundo, etc.

Como quiera que para celebrar este nuevo aniversario, esta fecha memorable y de gratos recuerdos, no puede pasar desapercibida por el significado que encierra en nosotros como protagonistas del mismo, es por lo que me permito desde ahora  contactar por este mismo medio a los Pequeños Embajadores de los Municipios de Colombia para que juntos analicemos la posibilidad de reunirnos en la ciudad de Bogotá en el mes de mayo de 2009 y de esta manera celebrar los 50 años de este gran acontecimiento que el diario El Espectador tuvo la gentileza de  brindarnos en aquella época; son ellos:

Rodolfo Bohórquez Pinzón, de la población de Curití (Santander); Ulías Enrique Rojas Acosta, de Cumaral (Meta); Jorge Pérez Monsalve, de Piedras (Tolima); Humberto Mendoza Santiago, de Tubará (Atlántico); Germán Arias Durán, de Paicol (Huila); Nelson Cueto Castillo, de Soplaviento (Bolívar); Fernando Usaga, de Peque (Antioquia); Rosaliano Astaiza, de Timbío (Cauca), Jaime Alfonso Cáceres, de Chía (Cundinamarca) y el suscrito Odelio Llano Ruiz, de Marulanda (Caldas).

 Odelio Llano Ruiz. Correo electrónico: pavechi@une.net.co

 Justicia

“Una verdadera justicia exige que el castigo corresponda a la gravedad del delito y del daño social causado”. Señor Fiscal, usted tiene toda la razón, además porque con esta sentencia usted corrobora el sentir de millones de Colombianos, en el sentido de que en Colombia estamos a años luz de tener una verdadera justicia. Tenemos una Constitución preciosa, y un Código de Procedimiento Penal que tipifican penas que harían temblar a cualquiera que osara transgredir sus normas; excepto por una cosa: ninguna se cumple conforme a lo establecido. Y he allí una de las principales causas de los altos índices de delincuencia y criminalidad. A mí me causa gracia abrir ese código que miles de estudiantes de Derecho cargan con solemnidad y orgullo bajo sus brazos y leer con asombro penas de 40 años para homicidio y secuestro y saber que nadie ha pagado dicha pena.

Qué espectáculo tan triste y ridículo ver a la Policía en admirables operativos, exponiendo sus vidas, por atrapar los más tenebrosos delincuentes para entregarlos a un sistema judicial, a unos jueces ansiosos de que la impunidad prevalezca, a unos jueces que incentivan el delito con la laxitud de sus penas.

Jorge Cardona. Ibagué.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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