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Falsos profetas

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La protección y preservación del medio ambiente y de nuestra biodiversidad es un compromiso ineludible que tenemos todos los colombianos, pero no es justo ni equitativo que por razones étnicas y culturales, y con el argumento de la conservación extrema, condenemos a los habitantes de regiones como el Chocó a vivir en el primitivismo, excluidos y aislados de los grandes polos de desarrollo. Como lo plantea taxativamente Jaime Arocha en su artículo “Una carretera etnocida y ecocida (I)” (El Espectador, I-4-2009). Su postura es contraria a lo que piensa la mayoría de los chocoanos.

El Chocó es víctima del perverso fenómeno de los falsos profetas del ambientalismo y, por ende, las construcciones de carreteras se han vuelto un verdadero calvario; ni hablar del drama del tránsito por el pésimo estado de las vías Pereira-Quibdó, Bolívar-Quibdó, además de los enredos de las obras del Plan 2.500.

En los últimos 16 años se han realizado cuatro estudios de impacto ambiental en los 60 kilómetros que faltan por construir de la vía al mar Ánimas-Nuquí y aún sigue la comedia ambiental. Ahora, por la ambigüedad con que se ha manejado este tema en los ministerios de Transporte y Medio Ambiente, hemos sido escépticos de que se cumpla con la promesa de otorgar la licencia ambiental que acelere la construcción de los primeros 19 kilómetros Nuquí-Cupirijo.

En relación con la conexión vial con Panamá, hace 10 años el Instituto Nacional de Vías entregó al Minambiente el estudio de Diagnóstico Ambiental de Alternativas; cuatro años después, solicitó nuevos análisis de otras alternativas de conexión.

Lo más sorprendente de las exigencias fue el desconocimiento que tuvieron los evaluadores sobre los estudios anteriores de la vía, al solicitar claridad sobre el punto de conexión en la frontera, un asunto resuelto hace más de 40 años.

Además, insistieron en la alternativa de la comunicación férrea, que ha sido descartada en todos los estudios desde 1959. Sin embargo, la petición más descabellada fue la solicitud de estudios para la conexión fluvial entre ambos países, que no tienen en su línea fronteriza ríos binacionales para el fomento de la navegación. Pese a que el Invías cumplió con los requerimientos y entregó los términos de referencia para la licencia ambiental, la petición sigue en los anaqueles del Ministerio.

Estos dos casos que ocurren con la continuación de la carretera Panamericana por el Chocó, son una síntesis de un problema grave que afecta las construcciones de vías en el país. Porque los trámites para la aprobación de los estudios de diagnósticos de alternativas, de licencias y permisos ambientales se han convertido en pesadillas.

Cuando se trata de construcciones de vías en regiones como el Chocó, se vuelven caballitos de batalla de las más insólitas pretensiones económicas y sociales de grupos pobladores, liderados a veces por organizaciones de ambientalistas, étnicas o por sórdidos personajes de las comunidades negras e indígenas que, amparados en la conservación a ultranza, se convierten en los peores obstáculos para el avance de las iniciativas.

No pretendo juzgar la labor honrada de algunas organizaciones y personajes que luchan por la conservación del medio ambiente, pero es bueno señalar lo lesivo que resultan las posiciones maquiavélicas de organizaciones constituidas por avivatos que han hecho del ambientalismo un negocio lucrativo que les está dejando dividendos económicos y réditos políticos, en perjuicio del desarrollo del país.

 José E. Mosquera. Bogotá.

Otros que perdieron

Miguel Gómez en su columna del 4 de enero habla de los que perdieron el año, entre ellos el Alcalde de Bogotá, el Polo Democrático, el Partido Conservador, la Justicia, Chávez y otros presidentes de Suramérica con la elección de Obama, en fin… Por lo leído quedan claras dos cosas: la primera, que el señor Gómez es un contundente opositor de Samuel Moreno. Lo otro es que Gómez es un fiel seguidor de nuestro señor Presidente: lo digo porque ¿acaso Uribe no perdió el año también?

 Veamos: en el año que pasó fueron algunos los aciertos que tuvo la Presidencia, pero fueron más los desaciertos. Si bien se dio de baja a algunos personajes del secretariado de las Farc, ¿qué consecuencias trajo ello? La baja de Raúl Reyes trajo consigo la violación de la soberanía del Ecuador y todavía las relaciones con este país no mejoran; la Operación Jaque, como diría Íngrid Betancourt “perfecta”, pero yo diría que casi, casi perfecta, porque a pesar de haber 15 liberados, se usó sin permiso el logo de la Cruz Roja Internacional.

Y los dichosos falsos positivos, como consecuencia de la afanosa seguridad democrática, la exigencia de resultados por parte del Gobierno a las Fuerzas Militares y las cuantiosas sumas de dineros pagadas por cada guerrillero dado de baja, que llevan a muchos militares a violar los derechos humanos, de los cuales por fin se acordó nuestro mandatario, y la verdad no sé si agradecerle a Dios o a Obama. Fueron alrededor de 1.500 muchachos asesinados por el Estado para cobrar recompensas, pero de esto no dan explicaciones Uribe y Santos, a lo mejor porque entre esos muchachos, como diría Felipe Zuleta, “no se encontraban sus hijos, o sencillamente porque éstos no son del estrato seis”.

Y a lo anterior sumemos las protestas de los corteros de caña y los indígenas. Los primeros por no tener un trabajo digno, de lo que se aprovechan las cooperativas para sacar cuantiosas tajadas. Y los indígenas, que exigen tierras productivas, no los bosques o reservas naturales cuyas tierras no son aprovechables a largo plazo, y todo esto por una mala distribución de las tierras, donde los capitalistas son los más beneficiados.

Además, tengo malas noticias para los centenares de personas que invirtieron en las famosas pirámides: “esa platica se perdió”. Se levantaría Miguel Gómez y diría: “Uribe no los obligó a invertir”. Y tendría razón, pero tengo entendido que el Gobierno sabía que existían estas captadoras ilegales. ¿Por qué no intervino antes? De seguro estaban ocupados todavía, celebrando la Operación Jaque.

Finalmente le preguntaría a Miguel Gómez: en realidad, ¿quiénes perdieron el año? Mi respuesta: la mayoría de los colombianos, gente como él y como yo que creímos en un gobierno vertical y que en las pasadas elecciones votamos a ojos cerrados; los indígenas, los corteros de caña, esos centenares de personas que piensan en el dinero fácil porque ven allí la única manera de que su dinero rinda, puesto que en los bancos no hay garantías de esto; las madres que hoy lloran el asesinato de sus hijos, los secuestrados y el resto de colombianos que se quedan viendo cómo pasa el tiempo.

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 Richard Bravo Roca. Córdoba.

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