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Festival de ensoñación

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¿De dónde vienen las fábulas y los cuentos de hadas? Para el compositor Maurice Ravel, heredero de una tradición oral francesa, estos relatos viven en la memoria prodigiosa de una oca gigante. Lo cual es, a su vez, otro relato fantástico y recuerda las palabras de la pianista Angela Hewitt cuando le preguntaban por las Variaciones Goldberg de Bach: lo más sorprendente, más allá de las 30 pequeñas piezas que componen aquella obra, es el hecho de que “son infinitas las variaciones dentro de las variaciones”.

El Festival, que llega hoy a su final, cuyo tema central fue el de las fábulas, nos dejó una sensación parecida. El relato fantástico tiene esa cualidad ilimitada de la imaginación, permite variantes y traducciones. Vimos en escena el vivaz desfile de animales de Saint-Saens, los cuentos infantiles recreados desde el piano por Ravel, el mito del soldado que vende su alma al diablo musicalizado por Stravinsky, el cuento de Pedro y el Lobo que inmortalizó Prokófiev. Y, por supuesto, la historia de La Cenicienta, recreada por un equipo de voces magníficas siguiendo la partitura original de Rossini. ¡Fantástico!

Pero al igual que esas fábulas que sugieren nuevos finales más allá del final, el Festival presentó otros repertorios en conciertos alejados del tema central. Así, por ejemplo, la serie de Música del Nuevo Mundo que siempre se dedica a explorar lo que se ha hecho en nuestro continente, tuvo este año un punto muy alto al invitar a figuras destacadísimas como el bandoneonista Rodolfo Mederos, de Argentina, y los Hermanos Assad, en representación de las guitarras de Brasil. Este espacio alternativo (que coincide en horarios con otros conciertos del Teatro Mejía) merece más atención porque nos habla de nuestro legado en el contexto de un gran concierto mundial.

Y, por último, lo más cercano al universo de los sueños: la evocación de las desbordantes películas de Fellini a través de la música de su compositor y cómplice Nino Rota. El espectáculo de estas piezas cinematográficas interpretadas por la Banda Radar en el escenario mágico de la Sociedad Portuaria fue un momento que dejó una impresión imborrable. La música es, entre tantas otras cosas, una capacidad de ensoñación. En ese sentido, el Festival cumplió a cabalidad con ese compromiso.

* Juan Carlos Garay, Escritor y periodista musical

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