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Las perspectivas para el año entrante son difíciles de precisar por el riesgo de que se desencadene otra crisis financiera internacional y una segunda recesión mundial.
Ésta podría originarse tanto en Europa como en los Estados Unidos. En el caso europeo, el peligro radica en que la crisis fiscal de las economías periféricas se transmita, primero, al sistema bancario y a las economías más grandes. Y después a los mercados internacionales de capital, comprometiendo la financiación externa del resto de las economías avanzadas y de las emergentes y en desarrollo. La otra amenaza es que la falta de demanda en la economía norteamericana la conduzca a otra recesión, afectando luego la actividad económica global.
Por fortuna, la economía colombiana luce preparada para asimilar un choque externo como este. Está macroeconómicamente mejor equilibrada que en anteriores episodios de crisis internacionales, su solvencia externa mejoró y su liquidez en moneda extranjera es holgada. Por otro lado, su sistema financiero es solvente, tiene suficiente liquidez, la calidad de la cartera es excelente y su cubrimiento amplio. Además, el mecanismo de transmisión de la política monetaria funciona muy bien.
Si se materializa el riesgo de crisis financiera y recesión mundial, el crecimiento del PIB colombiano se desaceleraría, pero posiblemente menos que en ocasiones anteriores, porque utiliza menos financiación externa y tiene un acceso más favorable a los mercados internacionales que en el pasado. Quizá la principal duda en este sentido sea el poco espacio con el cual cuentan las autoridades para acometer estrategias contracíclicas, debido a que se demoraron mucho en retirar los estímulos implementados para sostener la demanda interna en la recesión de 2008-2009.
Si las autoridades europeas y americanas, junto con los organismos multilaterales, evitan la crisis financiera y la recesión mundial, entonces es probable que la economía colombiana mantenga el ritmo de expansión que lleva. En este caso, puede enfrentar riesgos de sobrecalentamiento, porque continuaría creciendo por encima de su potencial. Para mitigarlos, sería prudente que el BR considerara acelerar el tránsito a una postura monetaria neutral y que el Gobierno pensara en retirar el estímulo fiscal. Esta combinación de políticas y un cauto otorgamiento de crédito mantendrían una saludable expansión del sistema bancario, sin comprometer su solidez.
María Mercedes Cuéllar, presidenta de Asobancaria