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La política antidroga

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Un despropósito que en 2012 Colombia sea la nación que lidere la legalización de las drogas. Constituye la mayor ofensa al sacrificio de miles que han ofrecido sus vidas en esta lucha.

Durante 40 años en la Policía tuve la oportunidad de enfrentar, en el área de combate, al narcotráfico, destacando el desmantelamiento de los carteles de Medellín, Cali y del norte del Valle. Lo anterior me reviste de autoridad moral para señalar mis opiniones sobre el debate global.

Aplaudo el coraje del presidente Juan Manuel Santos, de liderar el replanteamiento global de la política antidroga en búsqueda de mejores alternativas que eficazmente controlen este flagelo. Tenemos la autoridad moral para presentar la propuesta considerando que nosotros ponemos los muertos, mientras en los países desarrollados aumenta el consumo. Es la primera vez que Colombia encara el asunto con franqueza. El 2012 será el año en el que nuestro presidente, en tarima propia, impulsará el debate.

Colombia ha liderado la lucha con éxito; ha encarado con valor el reto: los grandes carteles han sido desmantelados, los cultivos ilícitos han disminuido y la producción de cocaína está en su nivel más bajo.

Duele ahora que expresidentes de la República, con quienes orgullosamente combatimos el narcotráfico —delito que desfiguró la historia de Colombia— señalen que la estrategia es otra. ¿Nos equivocamos? Por el contrario, creo, de no haber actuado así ahora seríamos un Estado fallido.

En una reciente investigación del economista Ricardo Rocha se hace mención a que la acción de la Fuerza Pública ha logrado con éxito la reducción del narcotráfico.

Liderar en Colombia la legalización de la droga es declarar perdida la batalla contra el narco, es rendirnos; constituye un mensaje devastador para la Fuerza Pública y la sociedad. Será bienvenida por los narcos. El procurador Ordóñez señala que la despenalización facilita el consumo, que vale la pena consultar la opinión a través de un referendo, que constituye una tragedia para la juventud. Según la encuesta bimestral de Gallup, el 82% se opone a la legalización del consumo de droga. El Centro Nacional de Consultorías señaló en noviembre que sólo el 22% de los encuestados en mi país aceptan legalizar el consumo de la droga; el 76% la rechazan. Colombia sería, en mi opinión, el último país en campaña pro legalización, dada su historia de muchos años de lucha contra este flagelo.

¿Qué puede sentir el policía, la viuda o el huérfano al ver que la heroína y la cocaína pueden ser vendidas en la esquina, como ocurre con el cigarrillo? ¿Sentirán escalofrío? ¿Qué sentiremos cuando en televisión se haga propaganda a la marihuana, como si fuera cerveza? ¿Se considerarían a los barones de la droga como empresarios respetables? ¿Aceptaremos que los responsables de tanta muerte sean legitimados socialmente? ¿Qué sentirá el señor general Naranjo, cuando trate con su personal tan lamentable situación? Invito a la reflexión.

Luis Montenegro* Exsubdirector de la Policía Nacional.

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