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La venganza de Moctezuma

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LO QUE EN OTROS TIEMPOS SE CONsideró la maravilla de los Estados Unidos, esa cantidad incontable de objetos y adminículos diseñados para resolver un solo problema, como quitarle el hueso a la aceituna o sacar el corazón de manzanas y peras, hoy se acumulan en estanterías y exhibidores porque el gringo medio está comprando única y exclusivamente lo que necesita.

La lección de la debacle financiera fue aprendida en forma rápida y brutal gracias a los “viernes” negros de la bolsa como consecuencia de la quiebra nacional por abuso de las tarjetas de crédito y la compra de vivienda sin fondos. Porque en últimas ése es el problema de base: los ciudadanos de este país se acostumbraron a vivir del plástico y gastaron siempre más de lo que ganaron.

Ahora, en plena temporada navideña —la de las ventas insuperables y los almacenes abarrotados por una muchedumbre enloquecida, plástico en mano— se puede caminar tranquilamente, no hay más de tres personas en cola para pagar y los estantes siguen llenos. Sólo una tienda he visto atiborrada: un gigante de los licores. Ahí sí que estaban apretujados sobre sus carritos llenos de cerveza, ron, vino, tequila. Entre otras cosas porque las bebidas espirituosas latinoamericanas ganaron la batalla a los tradicionales destilados europeos y no porque sean más baratos, sino porque la población de Florida es en mayoría hispana.

Esta es la otra paradoja que vive una nación colonizadora y explotadora de los países del Tercer Mundo: los que tienen que abandonar esas tierras, porque las condiciones de servidumbre impuestas por las multinacionales y la banca gringa anulan el empleo nacional y entierran la agricultura, suelen saltar hacia acá y se quedan imponiéndose como minorías, modificando la geografía política y cambiando las costumbres. Así, Miami, que era visto como el paraíso de los retirados y la meca vacacional del invierno para los ricos, hace mucho es una babel donde se habla español, el ruido es ensordecedor y sólo se escucha a Juanes, Ricky Martin, Shakira, Luis Miguel y Gloria Stefan por los altavoces de  los grandes almacenes.

Cabe calzarse los zapatos de los gringos rancios que todavía se atreven a bajar en busca de un sol radiante y calorcito para sus cansados huesos, esos que durante toda su vida sólo se han preocupado por lo que concierne a los intereses del condado donde viven y sólo son nacionales para elegir al presidente: pues bien, esos zapatos aprietan, sacan ampollas y dan pecueca. De ahí la mirada ausente o sorprendida en esos ojos azules casi siempre con la sombra de la catarata, el gesto de repulsión y su inocultable disgusto por los usos y costumbres que otros, y para más inri indios, les han impuesto. La venganza de Moctezuma se ha cumplido.

 losalcas@hotmail.com

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