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Escuché con mucha atención todas y cada una de las respuestas que ha dado el señor Alan Jara desde que fue liberado.
Yo que soy una persona del común, sin títulos ni pergaminos, he entendido con toda claridad sus puntos de vista en relación con el Gobierno y con las Farc. Me ha parecido una persona equilibrada y franca en sus conceptos. Pero, y aquí está lo extraño, ciertos periodistas con títulos universitarios, viajes, relaciones de alto vuelo, etc., han tratado de interpretar de distinta manera las declaraciones de Jara, dejando en el ambiente una idea de que se está atacando al Gobierno y defendiendo a la guerrilla. Se podría decir que estos periodistas son pobres de entendimiento o actúan con malevolencia, ya que incurren en distorsiones para defender posiciones personales y del Gobierno.
Ahora, que el gobierno del señor Uribe esté actuando de manera acertada o equivocada en relación con la guerrilla, ya es otro tema de larga controversia.
Lucila Marín de Arias. Barranquilla.
Alan Jara está equivocado
Los colombianos urbanos, los que tienen automóvil, los que viajan en avión surcando los aires del país más feliz del mundo, todos a una han salido a calificar de “equivocado” al ciudadano Alan Jara. Y tienen razón. Está equivocado porque no escucha diariamente los reportes de la Casa de Nariño sobre “el fin de la guerra”. Está equivocado porque lo que oía de los periodistas radiales era falso. Está equivocado porque no sabía que el sistema de gobierno colombiano depende del buen o mal humor de los habitantes de la Casa de Nariño. Está equivocado porque no sabe que la política en Colombia está reducida a observar qué nuevo bandazo caracteriza a los burócratas del Estado al final de cada día. Está equivocado porque ignora que la oposición se prostituyó por un plato de lentejas. Está equivocado porque el Ministerio de Defensa, también en campaña electoral, tiene los datos reales que confirman que “las Farc están acabadas”.
Está equivocado, el ciudadano Jara, en fin, porque viene de la realidad que pocos colombianos están dispuestos a ver. De una realidad que conserva dividida a Colombia en varios pedazos entre la Colombia bogotana del Parque 93, la andina, la costeña, la amazónica, la chocoana, la narcotraficante, la contrabandista, la paramilitar, la guerrillera, la católica, la negra, la blanca. Es él quien está equivocado. ¿Cómo pueden estar equivocados millones de colombianos que dicen estar entre los más felices seres humanos del mundo, volteando la cara para otro lado cuando bajan cadáveres por los ríos, caminan por las calles y carreteras centenares de hombres, mujeres y niños desplazados y operan orondos por las ciudades delincuentes reinsertados que extorsionan a los empresarios?
Está equivocado Jara porque ignora o ha tergiversado las grandes noticias nacionales. Que la industria colombiana está produciendo a las más bajas tasas de la década; que el comercio está ilíquido por la disminución en sus ventas; que la agricultura está reducida, de nuevo, a ser terreno de explotación de grupos privilegiados de empresarios; que la infraestructura está reducida a tres o cuatro megaobras cuya finalización al cabo de unos años, si se da, no podrá determinar un vuelco significativo en la economía colombiana; que el nombramiento de un republicano como secretario de Comercio en Estados Unidos promete ahogar las perspectivas del TLC; que la política monetaria del Banco de la República amenaza con ser cooptada para ser manejada de acuerdo con las encuestas. Está equivocado Jara porque ignora las magníficas mentiras verdaderas de la Colombia inspirada en las llamas del Sagrado Corazón y las lágrimas de la Virgen de los Remedios.
Jara está equivocado simplemente porque en esta Colombia enajenada, víctima de sus creencias y sus creyentes, cuando los hechos contradicen las creencias, ¡hay que torcer los hechos!
Bernardo Congote. Bogotá.
Sin derecho a la información
¿Qué les pasó a los periodistas en el aeropuerto Vanguardia, de Villavicencio, con el intento de prohibición de ingresar a cubrir la información de la liberación de Alan Jara? Me pareció que hubo un vulgar y evidente irrespeto al ejercicio periodístico y al derecho ciudadano a la información. El gobierno Uribe usa a los periodistas cuando los necesita y no le estorban (Operación Jaque); cuando no los necesita o le estorban, hace lo que hizo el martes. Yo esperaba alguna reacción de la prensa nacional como cuerpo, como gremio, pero nada. Tibias y tímidas protesticas aisladas. Nada más. Piedad Córdoba, “mala”; Hollman Morris, “cómplice de los terroristas”; los periodistas en el aeropuerto Vanguardia, “problema de seguridad para la labor de liberación”. ¿Hasta cuándo?
Mario DeCastro. Cali.
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