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A primera vista no es fácil determinar los autores y las razones que llevaron a que se cometieran los hechos registrados hoy en la capital: un intento de instalación de carro bomba a primeras horas de la mañana y, posteriormente, el atentado contra el exministro Fernando Londoño.
Las hipótesis se han comenzado a tejer dando origen a todo tipo de especulaciones, sin embargo, recientes hechos en el país podrían hacer suponer tres posibilidades, que se irán aclarando a medida que avancen las investigaciones.
En primer lugar, luego del paro armado de los Urabeños, registrado los primeros días del mes de enero del presente año en diferentes regiones del país, se comenzó a conocer información que indicaba que este grupo intentaba armar una estructura que operara en Bogotá. El objetivo de esto no se relacionaba con las economías ilegales sino más bien se trataba de un doble propósito: por un lado presionar una negociación con el Gobierno nacional y, por el otro, pasar una cuenta de cobro por lo que ellos llamaban traición con el proceso de desmovilización. Llama la atención que esta versión se conoció en Santa Marta, Medellín y el Chocó. De hecho el 9 de mayo, en el terminal de Bogotá fue capturado Fabián Ever Murillo González, alias ‘Murillo’, uno de los jefes de los Urabeños en el Magdalena Medio.
Estas dos razones permitirían pensar que Londoño podría ser un objetivo, para estos grupos, ya que participo activamente en la primera parte del la administración Uribe, cuando las negociaciones comenzaban, además es identificado como uno de los pilares fundamentales del Uribismo.
En segundo lugar, existe la posibilidad de que hubiera sido una acción de las Farc. Efectivamente, tanto en la incursión al campamento de Carlos Antonio Lozada en 2009 así como en el bombardeo al campamento del Mono Jojoy, se logró recuperar información que permitía establecer que las Farc tenían la intención de atentar contra Londoño. En todo caso, el reciente Bombardeo al campamento del frente 27 en Vista Hermosa Meta, que dejó más de una treintena de guerrilleros muertos, debilitó fuertemente la capacidad de este grupo de actuar en la capital. Pero ésta también es una opción bastante factible.
Por último, existe la posibilidad de que el atentado hubiera sido utilizado para sabotear la discusión del Marco Jurídico para la Paz, del proyecto de restitución de tierras, y, en general, de algunas iniciativas que están liderando el gobierno y algunas organizaciones sociales. Que mejor forma de sabotearlo que radicalizando el discurso de esta derecha bastante radical de la cual Londoño es un buen exponente.
Más allá de cuál de estas hipótesis sea la real, sobre el atentado en sí, se pueden decir dos cosas. Por un lado, a pesar de las medidas de seguridad que se han adoptado en Bogotá, que son bastante positivas, cualquier ciudad es vulnerable a este tipo de hechos. Incluso, en una de las ciudades más vigiladas del mundo, como es Londres, con más de 3000 mil cámaras de video-vigilancia y un sistema de inteligencia excepcional, el 7 de Julio de 2005 su sistema de trasporte fue atacado en 4 puntos. Esto permite afirmar, que no es sano hacer política electoral con estos atentados y que los sistemas de emergencia de la ciudad deben estar dispuestos a todo momento.
Un segundo argumento, va dirigido especialmente a la Policía, y se refiere a que no necesariamente la reducción de indicadores de violencia significa ausencia de organizaciones criminales. Si bien, Bogotá ha disminuido los homicidios y en general la violencia, es un error grande medir la presencia criminal por estos indicadores. Una tendencia mundial muestra que hoy el crimen no genera violencia, por el contrario la racionaliza y sólo la utiliza en casos excepcionales. Hay salvedades como el caso de México, pero es una tendencia mundial.
* Ariel Ávila, investigador en Seguridad de la Corporación Nuevo Arcoiris