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En estos tiempos de turbulencia política, fortalecer los vínculos de amistad y cooperación internacional con los países amigos resulta indispensable.
No siempre es fácil la explicación sobre nuestra compleja realidad y menos aún que se entienda la multiplicidad de factores que gobiernan nuestro país. Afortunadamente existen países que, como el Reino Unido, han seguido paso a paso nuestra historia y nos han acompañado activamente en la implementación de políticas y programas en procura de avanzar constructivamente en la solución de nuestros conflictos.
Prudencia, sana crítica y acompañamiento son las características de las relaciones bilaterales con este país aliado y amigo desde nuestra independencia. Por eso es justo reconocer el trabajo y el papel fundamental del Embajador Británico en Bogotá, Haydon Warren-Gash, quien después de tres años al frente de la Embajada deja su cargo.
Durante este tiempo, el Embajador Warren-Gash proporcionó a su gobierno la información justa y adecuada sobre los avances del gobierno colombiano en los temas de seguridad democrática, lucha contra el narcotráfico y el buen clima para la inversión extranjera, que reconocen propios y extraños. De esta manera el Reino Unido definió sus prioridades en Colombia alrededor de temas relacionados con el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario; la asistencia militar enfocada principalmente en la desactivación de las minas antipersonales; el respeto e impulso a las Organizaciones No Gubernamentales; el apoyo en la problemática del desplazamiento interno con programas de fortalecimiento a las entidades encargadas de la prevención y estabilización de los desplazados y de mecanismos de restitución de tierras; la ayuda en la unificación de metodologías y protocolos del Plan Nacional de Búsqueda para los casos de desapariciones forzadas, así como programas de fortalecimiento de la libertad de expresión para reducir los factores de riesgo para los periodistas, entre otros.
También se diseñaron programas de cooperación en temas relativos con el cambio climático, se entregó una nueva y moderna sede para el Consejo Británico y se fortalecieron nuestras relaciones comerciales.
Como es fácil ver, el Reino Unido no ha asumido la actitud del hermano mayor que critica, certifica o desertifica, pues entiende que la cooperación debe ser bilateral y basada en principios de respeto y autonomía.
Sin embargo, este es el momento oportuno también para señalar que en el Parlamento inglés existe una creciente preocupación por la situación de violencia que padecen los sindicalistas en Colombia, y así nos lo han hecho saber de manera respetuosa y directa. Este es un aspecto que se debe tener muy en cuenta, más aun cuando existe una estrecha relación entre los sindicatos británicos y los norteamericanos.
Como ha sucedido con los anteriores embajadores británicos en Bogotá, Warren-Gash deja un poderoso vínculo de amistad en Colombia. Su experiencia deberá ser sanamente aprovechada por todos aquellos que quieran conocer una visión justa y completa sobre nuestro país o por quienes deseen estrechar aún más nuestros vínculos económicos y políticos con el Reino Unido.
Carlos Medellín B. Ex embajador ante el Reino Unido. Bogotá.
Precisiones sobre Pablo Neruda
Bonito artículo el de Fernando Araújo, publicado en El Espectador. Me molesta tener que actuar como aguafiestas, pero hay que hacer algunas correcciones.
Neruda no fue comunista “desde siempre”. Era hijo de un ferroviario (conductor de locomotoras) y desde siempre tuvo ideas de izquierda, pero su contacto cercano con el Partido Comunista se produjo en España, durante la guerra civil de 1936-39. Sin embargo, su afiliación formal al partido data de la década de los años 40, después de salir de España y de haber vivido y sufrido su exilio en México.
Otra corrección que debe hacerse (tal vez de menor cuantía, pero de importancia capital para un colombiano) es que Salvador Allende no se suicidó “con una escopeta”, sino con una metralleta Kalashnikov. Lo menos que podemos pedirle a un periodista colombiano, después de tantas guerras civiles perdidas, es que tenga conocimientos básicos de armamento.
Yo trabajé con Salvador Allende, en el Palacio de La Moneda, durante los tres años de gobierno de la Unidad Popular. Mi padre, el poeta Luis Vidales, era amigo de Neruda y yo llevaba y traía con frecuencia mensajes de amistad y camaradería comunista entre mi padre y el poeta, de nuestra casa en Providencia a la casa de Neruda (“La Chascona”) en el barrio Bellavista. La distancia era de unos quinientos metros. Lo hice, siendo adolescente, en épocas en que el Partido Comunista de Chile era clandestino y podíamos todos caer a la cárcel si alguno de mis mensajes (citaciones a reuniones partidarias) caía en manos de los “pacos” (carabineros).
En síntesis: mis recuerdos de Neruda están asociados a la pasión por la poesía social, que él despertó en mí, y a las grandes cantidades de adrenalina que produje por aquellos años y que contribuyeron a mi temprana formación de conspirador revolucionario.
Carlos Vidales. Bogotá.
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