Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No hay derecho a que se construyan tres torres comerciales en lo que supuestamente son las canchas de tenis del Seminario Mayor, de acuerdo con las santas palabras de monseñor Rubiano. No hay derecho a que pase esto, un atropello más en una ciudad que amenaza ruina por culpa del tráfico endiablado, el deterioro de las vías y el medio ambiente, la inseguridad y la pobre estética.
El Seminario Mayor y su entorno son un santuario que guarda las montañas y el aire puro. Para muchos sería un pecado mortal contra los derechos colectivos que se privilegie a espaldas de los ciudadanos la ambición de los constructores, así sea para salvar a la arquidiócesis empobrecida por la falta de generosidad de los feligreses, como dice Monseñor, o por malos manejos financieros; habría que hacer claridad sobre esto último. Los ciudadanos no podemos seguir condenados al infierno por cuenta una vez más de la jerarquía católica. Sería bueno revisar la letra menuda de las escrituras y derechos patrimoniales, pues las exenciones de tributos hacen pensar que este terreno le pertenece a la ciudad o al Estado; sería bueno también revisar las normas de construcción y los criterios de conservación del patrimonio, más allá de la obra física. No hay derecho a que se cambie el uso del inmueble y del espacio alrededor y que este pulmón, uno de los pocos que conserva la ciudad, deba cargar con el castigo de tres cruces comerciales, que significarán otra mancha negra, en este caso con la bendición celestial. Qué mal ejemplo.
María Victoria Gómez. Bogotá.
Martí, periodista
Me refiero a la nota de la sección Alto Turmequé de noviembre 2, titulada “Reaparición televisiva”. Quiero comedidamente aclarar que esta información es imprecisa y está mal contextualizada. Por ejemplo, el remoquete de brujo al referirse a mí es desobligante, puesto que en ningún momento el señor Fiscal, Dr. Mario Germán Iguarán, confirmó ante ningún medio de comunicación la posibilidad de denominarme de esa forma. Por el contrario, dijo admirar mi profesionalismo y buena voluntad para con la institución de manera verbal y escrita. Inclusive allí manifiesta su agradecimiento por mi colaboración personal y oficial; se lo pueden preguntar directamente, y también confirmaría que el escándalo de la Fiscalía en ningún momento lo inicié yo, que filtraron malintencionadamente un informe confidencial y eso motivó el insuceso nacional.
Otra inconsistente afirmación es que yo me hago pasar por parapsicólogo o neurolingüista, ya que mi profesión es la de periodista, con la T.P. No. 11666, expedida en octubre del 92 por el Ministerio de Educación, habiendo desempeñado mis labores en medios radiales, escritos y visuales . Estoy certificado en áreas del conocimiento científico como la P.N.L. (programación neurolingüística), los recursos humanos y logoterapia, con sus correspondientes registros oficiales que reposan en mi hoja de vida: www.armandomarti.com. Actualmente fundé una empresa denominada Aconfiar Ltda. y estoy asociado con el general Héctor García, quien fuese comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, y él, como el Sr. Fiscal General, puede referenciarme. En la mencionada nota se afirma que estoy vendiendo videos de altos funcionarios de la Fiscalía y que nadie me los quiere comprar, completamente falso e injurioso. El material audiovisual, que es de mi propiedad y autorizado además por directivas de la cúpula de la institución, se recopiló para demostrar mi participación profesional en los planes de humanización trazados a través del propio Dr. Iguarán, y actualmente son motivo de análisis e investigación por parte de un equipo de periodistas, con el liderazgo del premio nacional de paz y periodista del año, Herbin Hoyos Medina, quien está escribiendo las crónicas en torno a los sucesos de la Fiscalía y otras experiencias mías, y con quien de común acuerdo estamos desarrollando este proyecto editorial.
Armando Martí. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.