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Barranquilla fue el escenario hace unas semanas del Seminario Internacional del Sector Cárnico Bovino, un debate que congregó a representantes del Gobierno, gremios, productores, industriales y expertos internacionales, para refrendar los temores que de tiempo atrás hemos advertido frente a la profundización de los TLC.
El evento contó con la presencia de autoridades en el sector cárnico de Brasil, Uruguay, Argentina, Reino Unido y Estados Unidos. Sus advertencias fueron en dos frentes: oportunidades y limitaciones. De un lado, alertaron sobre la disminución en la producción mundial de carne y, a su vez, el aumento en la demanda. Entre 2010 y 2020 podrían necesitarse 40 millones de toneladas adicionales, donde la bovina pasará de transar 7,2 a 14,6 millones de toneladas en el mercado internacional.
Pero las malas noticias se centran en los requisitos para la comercialización de carne, centrados en una legislación transnacional exigente en el área fitosanitaria. Su alarma es clara: sin un sistema de control y vigilancia en materia de inocuidad alimentaria, sin trazabilidad animal y una mejora sustancial en la competitividad productiva del sector, Colombia nunca accederá a los mercados de Estados Unidos, la Unión Europea o el Asia Pacífico.
Esto volvió a poner sobre el tapete la urgencia de acelerar los tiempos de la agenda interna. Sin duda, los Conpes Sanitarios de 2005 son la hoja de ruta de esa misión de accesibilidad sanitaria y de inocuidad. Pero pasar de la formulación a la ejecución ha resultado difícil. Desde antes de negociar el TLC con EE.UU., conocíamos las amenazas y las debilidades. Pero no hemos hecho la tarea completa. Lo que nos convierte en carne de cañón frente a los contingentes y desmontes arancelarios previstos en los TLC y, más aún, de cara a las restricciones sanitarias que hoy pesan sobre el sector.
Al margen de lo que se pactó, creemos que muchos propósitos siguen engavetados. Así ocurre con el Conpes para la reconversión de la Cadena Láctea y los Conpes sanitarios 3375 y 3376 de 2005, lo que representa un enorme costo de oportunidad frente al TLC con Canadá o Estados Unidos.
Por su parte, el llamado a los productores fue a explorar tecnologías y aumentar la productividad por hectárea, incluyendo capacitación, formalización y manejo sostenible de la tierra y el agua, para evitar la dramática experiencia mexicana que, de más de 280 mil ganaderos, hoy como resultado de su TLC con EE.UU., apenas suma 32 mil productores.
José Félix Lafaurie, director ejecutivo de Fedegán.