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Por fin miran al Caribe

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HEMOS TENIDO QUE ESPERAR SEIS años de la administración Uribe para que en el alto gobierno se despabilaran con respecto a la importancia vital de nuestra vinculación directa al Gran Caribe; y es hacia allá donde deben dirigir la mirada y las estrategias comerciales y diplomáticas, porque es una zona trascendental para el país.

La ausencia de sentido de pertenencia a una cuenca oceanográfica tan importante ha hecho que nos alejemos de nuestros pares más cercanos, que comparten cultura con una región de casi nueve millones de colombianos, como somos los ocho departamentos del Caribe. Ese no sentido de pertenencia proviene, sin duda, del centralismo estatal con una participación costeña pírrica; y cuando la tenemos, como en el caso del ministro de Minas, Hernán Martínez, nadan contra corriente de los problemas regionales, como es su obcecación con Urrá II, aunque destroce el Parque Nacional Natural de Paramillo  que conducirá a la inundación de las tierras de los emberá-katío.

Por eso es superimportante que el canciller Bermúdez asegure que está mirando hacia esa gran cuenca para aumentar los niveles de intercambio comercial, cultural y educativo, especialmente porque esto significa que repondrá las representaciones diplomáticas que los anteriores cancilleres redujeron al mínimo, abandonando organismos multilaterales de cooperación, sin estornudar siquiera. Y debería traducirse en el envío de embajadores oriundos y comprometidos con la región, que de algo tiene que servir que hablemos la misma lengua, tengamos la misma composición etnográfica, comamos los mismos productos, bailemos parecido son y nos acerquemos a la vida con idiosincrasias muy similares. No hay que olvidar que la cultura es fuente de desarrollo y base de economía, y, desde luego, mejor se entenderá un jamaiquino con un barranquillero, un dominicano con un cartagenero y así sucesivamente, que con el mejor y más eficiente andino.

Como colofón un argumento económico: República Dominicana es el cuarto socio comercial más importante que tiene el país, después de los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador. También existe un filón importante: el turismo médico y odontológico que proviene de las islas. Y finalmente, los puertos más grandes que tiene el país —sin hacerle feos a Buenaventura, por cierto hermanada con Barranquilla como antiuribista cerrada, según las encuestas— están ubicados sobre las tibias aguas del mar Caribe, nuestro Mediterráneo, que serán la puerta para el TLC, aunque no esté de acuerdo con su aprobación forzada y temprana, antes de que tengamos la infraestructura necesaria para no perecer en el intento. Así pues, bienvenida la nueva mirada del Canciller, porque por fin alguien se pellizcó en este gobierno, cuando en el Caribe estamos en marcha por la regionalización y por la comunión de intereses con igualdad de oportunidades para todos según sus fortalezas y compensación por otros departamentos de sus falencias.

losalcas@hotmail.com

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