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Estoy de acuerdo con lo que afirma el colaborador de esta sección, Mario de Castro, sobre la carencia de un puente elemental en un pequeño río en el municipio de Ortega, Tolima, que a diario es vadeado por los niños campesinos de esa región del país para poder asistir y recibir clases en una escuela rural.
Como siempre sucede, la retórica oficial nos tiene acostumbrados a que promete soluciones cuando se hace una denuncia pública, pero nunca se cumplen las promesas, ya que de hacerlo, se quedarían sin tema los politiqueros de turno.
Según se desprende de esta noticia, la solución no representa ninguna tecnología compleja, basta sólo la construcción de un puente colgante peatonal.
Esta indiferencia ante los problemas que padecen muchos de nuestros compatriotas, en especial los más marginados de las zonas rurales, es la que mantiene en el atraso y abandono a este país.
Manuel Motta Otero. Bogotá.
Vacuna contra el cáncer de cuello uterino
Leí con una terrible sensación de asombro y consternación el artículo publicado el día domingo, sobre el peligro latente del virus (VPH) y en nombre de todas las mujeres de Colombia solicito y exijo al Ministerio de Protección Social, a la Superintendencia de Salud, al Estado Colombiano, a la Corte Constitucional o a quien corresponda la orden inmediata (no un proyecto de ley que dure 20 años dormitando en el Senado) a todas las EPS de administrar gratuitamente a todas las mujeres mayores de 9 años, la vacuna contra el cáncer de cuello uterino.
Es insólito y vergonzoso que un Estado permita que mueran diariamente 9 mujeres por esta causa; que se diagnostiquen 6.815 casos anualmente; que siendo esta la causa principal por la cual mueren las mujeres en Colombia, el costo de esta vacuna sea inaccesible a la mayoría de las Colombianas. Insólito, que existiendo los recursos económicos y científicos para evitar esta tragedia, el Estado no haga nada al respecto, pero sí tenga recursos para financiar programas que a nada conducen.
Jorge Cardona. Ibagué.
Escarbando
De acuerdo con el reconocido prestigio como periodista de la muy apreciada colega María Teresa Herrán, colaboradora de ese periódico, quiero manifestarle mi desagrado con el nombre de su columna: “Escarbando”. Del verbo “escarbar” reza el diccionario textualmente: “Rayar o remover la superficie de la tierra, ahondando algo en ella, según suelen hacerlo con las patas el toro, el caballo, la gallina, etc.”. Ojalá cambie el epígrafe por otro menos pedestre.
A propósito: en su nota del 3 de julio dice, refiriéndose al recién nombrado ministro Valencia Cossio: “Quien se había ligado a trompetazos con su ahora jefe supremo” (el presidente Uribe). Aunque hilando fino, el verbo “ligar” podría en un momento dado emplearse como sinónimo de “liar”. Pero para el caso, la expresión “liarse a trompadas” es cosa distinta a la que dice la comentarista, pues trompetazos es “el sonido destemplado, fuerte de la trompeta o cualquier otro instrumento semejante”.
Darío Valdés. Bogotá.
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