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Las áreas protegidas no son un espacio ajeno, reserva de un puñado de idealistas. Tampoco son un costo innecesario, un lujo de una sociedad que tiene prioridades sociales sin atender.

Los territorios en conservación están en el centro de la cotidianidad de una sociedad que se debe sentir privilegiada por tenerlos, y disfrutar de los múltiples servicios ecosistémicos y económicos que nos prestan.

Un ejemplo de esto lo constituye el sistema alimentario del país, cuya riqueza o pobreza tiene raíces profundas en los parques nacionales y en otras áreas de conservación.

Desde el estudio de Ana María Ibáñez y otros autores hace más de siete años, sobre los servicios ambientales de los parques nacionales, se ha venido documentando con mayor rigor, el papel que tienen los parques nacionales en sostener nuestra provisión de alimentos. El agua que corre en grandes extensiones de territorio en cultivos y ganadería, en especial en el centro del país y en regiones como la Sierra Nevada de Santa Marta, depende del sistema de parques.

La preservación de suelos se garantiza si se evita su erosión mediante las diversas estrategias de conservación que regulan las aguas. La continuidad de procesos fundamentales de polinización, tiene una íntima relación con la variedad de áreas y de objetos de protección existentes en estos sitios excepcionales.

La pesca de ríos y zonas costeras también depende de la conservación de los Parques.

Los colombianos no estamos pagando por esos servicios de los ecosistemas conservados. Cada vez que un colombiano coma arroz, debe tener presente que fueron los arroceros quienes lograron del gobierno anterior, una reducción de las tasas de uso de agua a niveles irrelevantes que todavía permanecen. Un nivel adecuado de esas tasas es un reconocimiento de la riqueza que se genera con el agua. Cuando la gente tome gaseosas o beba cerveza, se tienen que preguntar si se está pagando por la conservación del insumo fundamental de éstas. De forma semejante, deben pensar en las grandes extensiones de ganadería sostenidas con prácticas ineficientes y en terrenos a menudo inadecuados.

La seguridad alimentaria de los colombianos cada vez va a depender más de un apropiado manejo de los territorios en conservación. Las transformaciones climáticas exigen la previsión y la integridad del territorio que estas áreas hacen posible. Los colombianos, pero sobretodo las autoridades ambientales, debemos valorar en forma consecuente estas áreas y pagar lo necesario para su conservación.

Alberto Galán. Director Fondo Patrimonio Natural

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