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Gracias por el artículo del pasado 8 de agosto sobre el homosexualismo y por hacer público algo tan erróneo de la sociedad y algunos psicólogos que insisten en que la homosexualidad es una enfermedad y por ende puede ser curada. ¿Hasta cuándo van a repetirse estos erróneos imaginarios?
Con respecto a la foto que acompaña la nota, quiero decir que me parece inapropiada y refuerza ideas equivocados sobre personas homosexuales. Por facilismo o morbo, los medios impresos suelen acompañar cualquier artículo sobre temas homosexuales con fotos de hombres descamisados y disfrazados, a veces en drag. Esto proyecta la idea de que los homosexuales somos seres raros, frívolos y ridículos. ¿Por qué no mostrarnos como los seres humanos comunes y corrientes que somos? Realmente, en poco difieren con personas heterosexuales: pueden ser hombres o mujeres, jóvenes o mayores, empleados o desempleados, blancos, negros o mestizos. ¿Por qué insistir en proyectar esta imagen que no identifica el 100% de la población LGBT?
Paola Prada. Bogotá.
A propósito de una nota de la sección Vivir
Interesante y oportuno el comentario realizado por la sección Vivir acerca del informe de la ONG, Save the Children, sobre los riesgos del deporte de élite en niños.
Al respecto es conveniente ilustrar a los padres, docentes y entrenadores deportivos sobre los tópicos siguientes:
Los niños y los adolescentes tienen derecho al descanso, al esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas, así como a la vida cultural y artística. Este derecho les proporciona un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social. Por naturaleza los niños tienen inclinación hacia los juegos debido a la motivación intrínseca propia de su edad. A ellos se les debe respetar y favorecer sus gustos, sus capacidades y su destreza para una práctica deportiva benéfica.
Aunque la familia y la comunidad deben procurar mayor participación del niño en la actividad deportiva, no se debe vulnerar su derecho a pensar ni a expresarse, ya que él es sujeto de derechos con actividad familiar, comunitaria y social propias.
Dentro del Derecho al juego está la práctica del deporte, la cual ordinariamente se enseña y se aplica en las escuelas y colegios donde se organizan las actividades competitivas. Prácticas éstas que en la actualidad vienen en aumento con la idea de formar deportistas de alta competición, por lo cual los entrenadores deportivos, los educadores y aun los padres someten a los niños y adolescentes a presiones físicas y psicológicas muy altas. El deporte para niños y adolescentes debe ser de diversión y no de entrenamiento élite, pues la sobrecarga los pone en mayor riesgo de lesiones traumáticas agudas, en contra de la justicia sanitaria. Cuando se abusa del niño deportista, también se vulnera su autonomía, ya que el exceso de entrenamiento y competición hace perder el interés del niño por la gimnasia y el deporte.
Es una mala práctica el ofrecimiento de recompensas. Si éstas no se entregan, el pequeño competidor esquiva el compromiso competitivo. Lo indicado es estimular el reconocimiento a los logros deportivos obtenidos y explicar el significado de los fracasos, estimulando el autocontrol, el amor propio y la dignidad, lo que redunda en beneficencia.
De ninguna manera se debe promover la especialidad deportiva, en cualquier deporte específico, durante la infancia, por el alto riesgo de secuelas físicas, psíquicas y motrices: principio de no maleficencia. De ellas, por abuso de entrenamiento, se debe prevenir a los padres, docentes y entrenadores deportivos. Los programas de entrenamiento deben garantizar la motivación y la diversión, lo cual se consigue al variar con frecuencia las técnicas de entrenamiento, la realización de sesiones competitivas breves a intervalos moderados y la programación de un número limitado de competiciones.
Víctor Manuel Méndez Gutiérrez. Médico pediatra especialista en Bioética. Bogotá.
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