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Hoy, después de 8 años de mandato del presidente Lula Da Silva, Brasil tendrá nuevo presidente, mientras que en Colombia, después de dos cuatrienios en el ejercicio del poder por parte de Álvaro Uribe, recién se posesionó Juan Manuel Santos. Para determinar la suerte de las relaciones entre los gobiernos de ambos países se deben tener en cuenta características de la estructura económica, política y social de Brasil y Colombia, como también, la actitud que asuman sus mandatarios en los temas que les competen.
Frente a lo primero, ambos son estados de derecho, democráticos y regidos por principios de autonomía en las ramas del poder público, libre iniciativa privada, empresarios competentes, sistema bancario y financiero sólido y sano manejo de sus economías; buenas tierras, mucha agua, diversidad climática, étnica y cultural; derechos fundamentales protegidos.
En el segundo tema y sin que exista ninguna posibilidad de cambio en las estructuras actuales, un gobierno de José Serra haría mas énfasis en reducir la intervención del estado; adoptaría medidas muy fuertes en la lucha contra el terrorismo; se identificaría más con el estilo de gobierno de Colombia, Chile y Perú y haría énfasis en políticas de centro derecha.
Mientras que si triunfa la señora Dilma Rouseff, la intervención se acentuaría, la lucha contra el terrorismo tendría una orientación diferente; se identificaría mas con gobiernos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador y haría más énfasis en políticas de centro izquierda.
En nuestro caso, el modelo de estado es similar en este y en el anterior gobierno, cada uno con énfasis en sus programas y muy coincidentes en los temas de seguridad, exitosos como nunca antes.
Brasil, con una población de 200 millones de habitantes, paso a paso, se viene consolidando como una potencia mundial y su preponderancia en la región es indiscutible. Su producción de bienes y servicios, solo se compara con unos pocos, en todo el planeta. Sin embargo, necesita algunos insumos que podemos proveer.
Colombia, con cerca de 50 millones de habitantes, registra la segunda población, tanto en el centro de América, como en el sur. Con la aplicación de las políticas de seguridad y prosperidad democrática de los presidentes Uribe y Santos, respectivamente, la seguridad jurídica y económica, seremos cada vez mejor destino de inversión.
Aunque son muchos los temas que ocuparán las relaciones, podría destacar la continuidad en el mutuo respeto por sus asuntos internos; la vigilancia conjunta de la Amazonia y el desarrollo de proyectos productivos en esta vasta zona, especialmente en sitios ocupados por individuos dedicados a actividades ilícitas, sometiendo de paso, a la población nativa; la adopción de medidas más coordinadas, acompañadas de instrumentos de alta tecnología, en la lucha contra el narcotráfico, el tráfico de armas, la tala de árboles y otras conductas delictivas.
Igualmente; se seguirán fortaleciendo los renglones de comercio y turismo, lo mismo que no se ahorrarán esfuerzos para aumentar las inversiones de Brasil en Colombia, que compensen el desequilibrio en la balanza comercial, que a mi juicio continuará, aunque ojalá en menor escala. Habrá más participación en los mecanismos de promoción de desarrollo sostenible; la integración regional y el manejo de conflictos, que tendrán como escenario la Unasur.
* Ex embajador de Colombia en Brasi