Voluntad de tener voluntad

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Voluntad para amar. Para estar dispuestos a amar, con todo lo que implica ese amar en serio, pero en serio, tomándoselo con seriedad, que es descubrir, que es jugársela por algo que trascienda el sentimiento, que es comprender y seguir comprendiendo en lugar de juzgar y de pedir. Y que es tomar. Y que es nutrirse de cosas importantes para que el otro y los otros tomen. Voluntad para comprender que el fin del amor no puede ser que nos digan te amo, o decir te amo, o los hijos y dos perros y una casa y un jardín y la chimenea, sino sumar y sumarnos y trascender. Voluntad de ser conscientes de que desde el amor, si se quiere, o de eso que llamamos amor, estamos inmersos en un tiempo histórico, y en un momento y en un mundo, y que somos responsables de todo y de todos, por acción o por omisión.

Y puestos a hablar de responsabilidades, voluntad de asumir que en nuestra vida fuimos nosotros y nuestras circunstancias, para recordar a Ortega y Gasset, y que aunque no esté de moda asumir nada, fuimos nosotros quienes permitimos todo o casi todo lo que nos sucedió y lo que ocurrió, desde las imposiciones hasta las reglas, desde el autoritarismo con todas sus derivaciones hasta lo que consideramos injusto, desde la Constitución hasta nuestros gobernantes. Voluntad, en fin, de adquirir la dureza para admitir que más de una vez hemos preferido los atajos y las vivezas, que hemos dejado que nos vivan en lugar de vivir, y que cada vez actuamos más según lo que nos conviene, y no según lo que honestamente consideramos justo.

Voluntad. Ocho letras para formar una palabra y darle sentido a una actitud. Voluntad de querer, voluntad de pensar, voluntad de buscar, voluntad de poder, como decía Nietzsche. Voluntad de parar un poco la vida y buscar las razones de lo que hacemos. Voluntad de comprender para qué, para qué y para qué hacemos esto o aquello. Para qué escribimos, por ejemplo. Para qué leemos, por ejemplo. Voluntad de cambiar de opinión si es necesario, o si llegamos a la conclusión de que es necesario, y voluntad de mantenernos firmes en nuestras convicciones. Voluntad de querer tener la voluntad de entender las cosas, y voluntad de actuar después, si llegamos a estar de acuerdo o no con lo que entendimos.

Voluntad de tomar una posición, pero no solo para decir lindas palabras y convencer a la tribuna, sino para ir más allá de las palabras. Para ser consecuentes con nuestras palabras.

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