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El sábado pasado en Daca India y Bangladés firmaron un acuerdo fronterizo que finaliza un conflicto de casi medio siglo y abre las puertas de un nuevo periodo de cooperación.
La frontera indo-bangladesí tiene 4,905 Km. y es la quinta más grande del mundo. Fue trazada por Sir Cyril Radcliffe, que dirigía la comisión fronteriza que la corona británica puso en funcionamiento durante la independencia y partición de la India en 1947, y volvió a retrazarse en 1971, cuando Bangladés se erigió como Estado independiente de Pakistán.
Entre 1993 y 2013, el gobierno hindú construyó un muro de 3.200 Km. para luchar contra el terrorismo islamista, la inmigración clandestina y el contrabando en procedencia de Bangladés. El muro fue una fuente permanente de tensiones, pues para el gobierno y la sociedad bangladesí se trató de una construcción ilegal que respaldó la perpetración de asesinatos y maltratos de la guardia fronteriza y del ejercito hindúes contra los migrantes que se dirigían a la India.
La existencia de cientos de enclaves de uno y otro lado de la frontera en los que ninguno de los dos gobiernos ejercía soberanía contribuyó durante muchos años al deterioro de la situación. En la actualidad el Estado hindú de Bengala Occidental posee 92 enclaves bangladesí y Bangladés posee 122 enclaves hindúes. Hay además tres enclaves bangladesí que están dentro de enclaves hindúes en territorio bangladesí y una situación única en el mundo, el enclave hindú de ‘Dahala khagrabari’, situado dentro de un enclave bangladesí que se encuentra dentro de un enclave hindú ubicado en territorio bangladesí. Los acuerdos de Daca buscan simplificar al máximo la delimitación fronteriza y realizar un intercambio de territorios y poblaciones garantizando a cada residente el derecho de escoger el país en el que quiere vivir.
El acuerdo fronterizo está acompañado de un acuerdo marítimo y de compromisos comerciales. Hasta la semana pasada, las mercancías hindúes que viajaban hacia Bangladés debían trasportarse por barco hasta Singapur, y desde allí hacer un viaje de regreso de entre 30 y 40 días para regresar en otros barcos hasta los puertos bangladesí de Chittagong y Mongla. En adelante los barcos hindúes tendrán acceso directo a ambos puertos y la distancia marítima se reducirá a una semana.
Aún es pronto para ver los resultados que traerá la puesta en práctica de los acuerdos, pero es probable que una relación más estrecha entre la India y Bangladés tenga un impacto geoestratégico importante. Bangladés se opuso en el pasado al liderazgo hindú entre los países del Sudeste Asiático, pero los acuerdos de Daca muestran que la perspectiva de una cooperación política y comercial más sólida desvaneció esa oposición. Fiel a su política hacia el este, que contempla la creación de redes de conectividad y de inversión con Nepal, Sri Lanka y las Maldivas, el primer ministro hindú Narendra Modi anunció el sábado la apertura de una línea de crédito hindú de dos billones de dólares que deberá usarse en proyectos de salud, educación, producción de energía e infraestructura en Bangladés.
Una cosa es segura: cualquier pretensión de liderazgo internacional y económico de la India en el Golfo de Bengala dependerá de la forma en la que maneje sus relaciones con China, para quien el dominio comercial de dicha región también es un objetivo central de su política exterior.