Publicidad

El fuego sobre el Eufrates

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El inicio de los ataques aéreos rusos en el oriente de Siria marca una nueva etapa en el desarrollo de la guerra.

Un número importante de bombardeos se efectuó en las dos últimas semanas a proximidades de Deir-es-Zur, una provincia rica en petróleo a orillas del Eufrates, donde las tropas del Estado Islámico (EI) secuestraron a 400 civiles sunitas el pasado domingo 17 de enero. El EI controla otras ciudades y varias rutas de comunicación en el área.

Con esta nueva ofensiva, el régimen de Al-Assad refuerza su posición en las negociaciones que se llevan acabo desde el viernes pasado en Ginebra, que esperan obtener un primer acercamiento entre las fuerzas de la oposición y el gobierno sirio. Aunque no hay información concreta sobre el tipo de armas que fueron empleadas, se sabe que el Kremlin desplegó aviones de combate tipo Su-24 de geometría variable, Su-25 de ataque al suelo y helicópteros polivalentes y de ataque Mi-8 y Mi-24 (además de los barcos que se encuentran navegando en el Mediterráneo Oriental y en el Mar Caspio).

El inicio de los ataques aéreos en el este del país marca una nueva etapa en el desarrollo de la guerra. Desde el inicio de la campaña aérea se crearon dos zonas prioritarias para coordinar los bombardeos y la acción de las tropas terrestres leales al gobierno sirio: una en torno a Damasco, al sur-oeste del país, que actualmente se extiende hasta Daraa, en la frontera con Jordania, y otra que se extiende por el área costera, Tartus y Latakia comprendidas, desde la que se espera recuperar a la ciudad de Aleppo, hoy bajo control de los yihadistas, y el territorio que está en manos de la oposición a Al-Assad. Con los bombardeos en el Eufrates, la aviación rusa y las tropas terrestres fieles al régimen crearon un nuevo frente de guerra. Ahí radica la novedad.

Más allá del hecho táctico, la campaña aérea cumple un papel importante en la agenda internacional del gobierno ruso porque le permite ejercer un control indirecto sobre Irán. Durante varios años Rusia fue el único interlocutor poderoso de Teherán, pero el reciente acuerdo nuclear con los EE.UU. cambia el panorama y hace de los rusos un aliado más en el círculo de las grandes potencias. Toda la sutileza radica en que Irán respalda a Al-Assad y quiere eliminar al EI en Irak, dos objetivos que en el mediano plazo no podrán obtenerse sin el apoyo aéreo ruso.

De otro lado, al incrementar su protagonismo militar en el Medio Oriente, Rusia busca que la guerra contra el EI y su posición en la negociación de la cuestión siria le permita cambiar la relación de fuerzas con relación a Ucrania. El presidente Putin no busca otra cosa diferente a lo que ya le manifestó al presidente Obama al margen de la pasada Asamblea general de la ONU en septiembre del 2015: que la OTAN deje de apoyar al gobierno ucraniano y que los europeos levanten las sanciones económicas contra los rusos.

La nueva dimensión de la campaña aérea crea dos riesgos que los rusos deben sopesar: que la intensificación de los bombardeos provoque una escalada del conflicto sin que las tropas terrestres leales a Al-Assad puedan establecer posiciones concretas, y que impulsados por Washington, los miembros de la OTAN encuentren una vía para mantener las sanciones y apoyar al actual gobierno ucraniano.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido