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Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa son los candidatos más opcionados para la victoria.
La atención en Argentina está concentrada en las elecciones del domingo 25 de octubre. Además de elegir al próximo presidente para un periodo de 4 años, los argentinos escogerán 130 diputados, 24 senadores y 43 parlamentarios para el Parlamento del sur.
De los seis candidatos que superaron las elecciones primarias en agosto pasado, Daniel Scioli (Frente para la Victoria), Mauricio Macri (Cambiemos) y Sergio Massa (Unidos por una nueva alternativa) son los más opcionados para la victoria. Si ninguno de ellos obtiene más del 45% de los votos, una segunda vuelta tendrá lugar el 22 de noviembre. Entre las novedades de la elección está la participación de los argentinos mayores de 16 años en el escrutinio presidencial.
El panorama previo a las elecciones no es nada sencillo. Como lo advirtió la reconocida intelectual Beatriz Sarlo en una entrevista al País, la fractura social provocada por el aumento de la pobreza es más profunda que nunca. La movilidad social que caracterizó al país en los años setenta ya no existe. Según el Observatorio de la deuda social argentina, 42,6% de la población infantil y adolescente del cono urbano bonaerense está en la pobreza. El 9,4%, es decir, 290.000 jóvenes, vive en la indigencia.
La lucha contra el aumento de la violencia y el tráfico de drogas que afecta a ciudades como Buenos Aires y Rosario es uno de los puntos claves para garantizar la estabilidad social y la gobernabilidad en los próximos años. Un aspecto preocupante de la campaña es la orientación conservadora que está tomando el enfoque de lucha contra el narcotráfico (que en el vocabulario mediático austral todavía no se deslinda del consumo). Es comprensible que hasta hoy ninguno de los candidatos haya denunciado el altísimo grado de corrupción que hay entre los organismos policiales del país, pero hacer declaraciones sobre el aumento del pie de fuerza del ejército en las fronteras para oponerse a los narcotraficantes es una promesa que, de llevarse a cabo, costará demasiado dinero y será ineficaz. La perspectiva securitaria es irrealista en un país que se ha convertido en el segundo consumidor de Cocaína del hemisferio y que tiene poca (o ninguna) experiencia en la lucha contra las mafias organizadas.
Uno punto incierto es cómo se va a financiar la economía tras la elección. Para varios analistas las arcas del gobierno se encuentran prácticamente vacías. La oposición a los organismos de crédito internacional que caracterizó al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kichner es insostenible en el corto plazo. Eso explica que Scioli, a pesar de la oposición de la presidenta (que es su mentora política), quiera estrechar su relación con los EE.UU. enviando al que será su futuro canciller a negociar con los fondos buitre, y busque un acercamiento con el FMI para contemplar un regreso al financiamiento internacional.
Como la agenda de campaña de los candidatos lo comprueba, en Argentina el Peronismo sigue siendo la referencia política obligatoria de la contienda electoral. Aprovechando la celebración del Día de la lealtad, que conmemora una movilización obrera que exigió la liberación de Perón en 1945, Macri invitó el sábado 17 de octubre desde la ciudad de San martín a todas las ‘mujeres peronistas’ a sumarse a su campaña. Desde el noroeste del país, en Jujuy, Massa también se sirvió de la coyuntura conmemorativa para recrear junto a un influyente líder político regional el abrazo Perón-Balbín, un acontecimiento histórico en el que Perón y Ricardo Balbín (uno de sus principales opositores), hicieron las pases después de muchos años de abierta confrontación.
Quienes no disfrutaron de los réditos de las políticas de Nestor Kirchner y de la actual presidenta en los últimos doce años rechazan al kirchnerismo —y por ende a Scioli, que es el candidato del oficialismo. El problema es que no cuentan con una organización nacional sólida ni con una orientación política clara. Es probable que sus votos se diluyan entre Macri, Massa y Margarita Stolbizer, la candidata que fue cuarta en la elección primaria y agrupa a varias tendencias de izquierda en el partido ‘progresistas’.
La victoria de Massa o de Macri sería un síntoma de la necesidad de marcar una diferencia clara con la orientación que los Kirchner le dieron al gobierno en la última década. Su derrota, y la subsiguiente victoria de Scioli, significaría la sanción de la continuidad.